Sodoma y Gomorra -o: Cómo sobrevivir a un romance colombiano-

Lo nuestro duró… Lo que duran dos trozos de hielo en un wisky on the rocks (…)

(Joaquín Sabina)

Por la mañana amanezco con gripe. Y Linda con conjuntivitis.

Mientras nos recuperamos, y para ilustrar mi desconcierto en mi interacción con colombianos, “comenzaré mi terrible historia desde el principio de los tiempos” (Manolito Gafotas dixit): Sigue leyendo

Debí hacer carrera diplomática…

Como saben, mi capacidad para vivir sobre asfalto con dignidad se agota a las dos semanas de media. Incluso habiendo encontrado mi lugar en Bogotá -un barrio llamado La Soledad, tranquilo, con tienditas, algún restaurante, locales con música, arbolitos con flores, y una temperatura apreciablemente superior a la de los cerros, en el que me siento muy a gusto-, y habiendo descubierto el campus la Universidad Nacional -un paraíso donde se pueden meter bicis y dejan entrar a mi inseparable amiga hasta en el Auditorio Principal para escuchar una charla del Embajador de Palestina en Colombia-. Sigue leyendo

Reforestando Bogotá

A la familia Salazar Muñoz, los protagonistas de los momentos más hilarantes de mi vida bogotana

El bogotano, cachaco o rolo se caracteriza por ser emprendedor, tener conciencia social y por su amor a la tierra -esto último, quizás, por el contraste con la enorme cantidad de cemento que lo circunda-.

Al menos los que yo conozco. Sigue leyendo

Check-out, España; check-in, Colombia

“Señoras y señores, bienvenidos al aeropuerto de El Dorado de Bogotá”.

Después de diez horas de vuelo yo, que tengo dificultades para permanecer sentada el tiempo que dura una comida, ante la visión aérea de los prados verdes, los edificios cuadrados, las nubes grises y bajas -igual que las temperaturas de la cordillera andina a sus 2.600 metros de altitud-, siento, curiosamente, pereza. Sigue leyendo

Bogotá, ¿mon amour?

Pasé esta semana en un estado depresivo de baja intensidad y parálisis originado por la partida de mi madre, una tremenda carga de trabajo acumulado, y fundamentalmente que estoy sola en una ciudad enorme y que tiene algo de hostil, con un clima muy cambiante, un tráfico infernal y gente previniéndote constantemente de hacer cosas –y más sola- porque resulta peligroso.

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Sonría, es por su seguridad

A Beatriz Gómez, uno de los grandes ejemplos de valentía vital que conozco. 

Una española y una colombiana charlan animadamente a voz en grito para hacerse entender por encima del bullicio reinante en el aeropuerto de El Dorado, en Bogotá.

Al escuchar mi acento, la señora con la que compito por el espacio acodada en la barandilla que separa a los recién llegados de las hordas de familiares y las papayeras, se interesan por mis orígenes y actividades en el país: Sigue leyendo

Sobre cómo Milady y Ms. Battuta llegaron a América

Julio de 2011

Primera parte: Barrio gótico, Barcelona

El primer obstáculo con el que se encuentra un@ ciclista que quiere llevarse a su amiga a la otra punta del mundo es el de buscarle una caja de viaje. Me dieron una descomunal en el Decathlon, que tuve que llevar arrastrando hasta casa por todo el barrio gótico de Barcelona. Esa era la época en la que paseaba mi palmito en pantalón hipercorto, camiseta sexy y gafas de sol a lo Sofía Loren, y en la que me cruzaba con mis estudiantes de esa guisa por el carrer Avignó. Sigue leyendo