Los judíos ponen piedras sobre las tumbas para simbolizar la eternidad; los ángeles ponen señales sobre las mochilas para mostrarnos el camino.

Un mes después de la muerte los judíos se congregan para rezar.

Me despido de Talía -mi nueva amiga que dirige el documental que estamos grabando aquellos que, por esta jugada del destino, nos convertimos en emisarios de sus sueños-, y de una Linda tocada con su pañoleta de las ocasiones especiales, frente a la imponente entrada de hierro bajo la esplendorosa luz de una mañana soleada en Bogotá.

Mis acelerados pasos resuenan sobre el mármol mientras me dirijo a una gran puerta, que logro abrir con cierto esfuerzo. En la sala ricamente adornada son hombres tocados con kipa y un pañuelo sobre los hombros quienes me indican que tengo que dirigirme al piso superior… Sigue leyendo

Si entras en mi habitación…

El mundo nos rompe a todos, más después, algunos se vuelven fuertes en los lugares rotos

(Ernest Hemingway)

Si entras en mi casa lo primera que te encuentras es a Steven en forma de planta… Una planta gigante que pasó casi un año con él – mientras yo estuve ausente del país-, y con sus botellas recicladas para tener su propia huerta ecológica, en Bogotá. Sigue leyendo

Genio y figura

Nos conocimos a finales de 2012, recién llegada a Bogotá, en la piscina del hotel de la Ópera.

Desde ese momento, el que iba a convertirse en uno de mis grandes amigos y una de las personas que más admiré, me ayudó a instalarme en mi nuevo hogar en este país cuando mi madre regresó a España, compartimos cenas, almuerzos -que, por mucho que insistiera, nunca me dejó pagar-, risas y excursiones en una de las cuales, regresando de los Llanos orientales, recogimos a Linda, mi perra (aquí). Escuchó mis sueños, mis miedos, mis quejas y mis quebraderos de cabeza por esa misma perra de la que fungió como padre, con todo su amor y su paciencia, que eran enormes. Me acogió en su casa en diversas ocasiones en los años venideros; cuidó mis plantas, y dejó que los muebles que compramos juntos en el mercado de las pulgas frente a la Torre Colpatria acompañaran a los suyos mientras estuve viajando por Asia en bicicleta (como él también hiciera). Me abrió las puertas a la Colombia indígena, a la Colombia ecológica y vegetariana, y a la de la exclusión social, que él combatía igual que Gandhi: sonriendo y ayudando.

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Mientras Óscar, con una kipa sobre la cabeza, acude en nombre de Linda, mi madre, mío y suyo propio, al velatorio que tiene lugar en la sinagoga de Bogotá, yo me despido de él igual que lo conocí: en el agua. Sigue leyendo