Debí hacer carrera diplomática…

Como saben, mi capacidad para vivir sobre asfalto con dignidad se agota a las dos semanas de media. Incluso habiendo encontrado mi lugar en Bogotá -un barrio llamado La Soledad, tranquilo, con tienditas, algún restaurante, locales con música, arbolitos con flores, y una temperatura apreciablemente superior a la de los cerros, en el que me siento muy a gusto-, y habiendo descubierto el campus la Universidad Nacional -un paraíso donde se pueden meter bicis y dejan entrar a mi inseparable amiga hasta en el Auditorio Principal para escuchar una charla del Embajador de Palestina en Colombia-. Sigue leyendo

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