1 x 24 hrs. = 4

David, mi amigo con quien debo encontrarme en Tiblisi, capital de Georgia, no cogió el vuelo. Pegaron al avión con el finger al aproximarlo para embarcar, dañando la carrocería, por lo que se encuentra en proceso de chapa y pintura.

Mi apatía del día anterior sigue colonizando espacios; la melancolía invade ya mi habitación con vistas al nevado y la iglesia. Ya basta. Voy a levantarme y a retomar las riendas, si no necesariamente de mis emociones, al menos de los actos que puedan ayudar a disipar la neblina. Sigue leyendo

Jordi

Antes de las seis me encuentro en la plaza dispuesta a abordar, a codazos si es necesario, un transporte que me suba a primera hora, junto con hordas de turistas que habrán tenido la misma idea, a contemplar, en la explanada de la iglesia, la salida del sol reflejándose el gigante blanco, y recorrer la larga distancia hasta el glaciar que habita sus faldas antes de que aumente la nubosidad con el inexorable avance del día.

Pero no. Sigue leyendo

De Georgia a la Patagonia

El día está, por fin, despejado. Decido ir a conocer la iglesia que se ve desde mi ventana, en una colina tan alta que desafía todas las leyes de la lógica, arropada por el imponente pico nevado, que aparece y desaparece entre brumas, a más de 5000 metros de altitud. Sigue leyendo

Velocípedo

Cuando no cae una tormenta cuacásica que hace temer por la llegada del fin del mundo, Kazbegi es un pueblito apacible, con vacas paseando a su aire por las calles, dejando sus boñigas en mitad de la carretera, que son habilmente sorteadas por conductores que parecen no poder separar el pie del acelerador. Sigue leyendo

Alta tensión

-¡Parad si veis un bar!- grita López, sonriente, mientras ante nuestros ojos se suceden las casas destarladas que conforman nuestro edén particular; así como algunos paisanos que vegetan bajo un escuálido árbol, protegiéndose del sol de las tres de la tarde, a quienes saludo con una inclinación de cabeza que es respondida segundos más tarde, en el mejor de los casos. Sigue leyendo

Las bicicletas son para el verano

Como Raquel y Antonio no salieron en los capítulos sobre Asia, dado que tuvieron que anular aquel viaje por motivos familiares, decidieron resarcirse entrando en el universo de Ms. Battuta por la puerta grande.

La pareja con la que me adentraré en los parque naturales de Georgia, hasta reunirnos con el resto de la expedición en la frontera con Armenia, ambas ex-repúblicas soviéticas, sale de su casa, en la otra punta de Madrid, con treinta minutos de retraso respecto de la hora a la que tenemos previsto encontrarnos en el aeropuerto.  Sigue leyendo