Alta tensión

-¡Parad si veis un bar!- grita López, sonriente, mientras ante nuestros ojos se suceden las casas destarladas que conforman nuestro edén particular; así como algunos paisanos que vegetan bajo un escuálido árbol, protegiéndose del sol de las tres de la tarde, a quienes saludo con una inclinación de cabeza que es respondida segundos más tarde, en el mejor de los casos. Sigue leyendo