La erótica de lo penal

Olor a acacias en flor, aire cálido y voluptuosidad… Esos son mis recuerdos de mi primera llegada a Cali. En este segundo viaje, sin embargo, no me siento nada sexy: en pocas semanas el color tostado que traía de España pasó a ser un recuerdo, la gripe se me complicó y tengo dolor en el pecho, una tremendo congestión y lo único que quiero es meterme en la cama.

Con 5 días por delante en la “sucursal del cielo” Sigue leyendo

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Palillos malditos

Desde que cogiera esos dos pares de palillos de bambú de un sencillo restaurante en las montañas de Sapa (Vietnam), la maldición se cernió sobre mí: Sigue leyendo

Sodoma y Gomorra -o: Cómo sobrevivir a un romance colombiano-

Lo nuestro duró… Lo que duran dos trozos de hielo en un wisky on the rocks (…)

(Joaquín Sabina)

Por la mañana amanezco con gripe. Y Linda con conjuntivitis.

Mientras nos recuperamos, y para ilustrar mi desconcierto en mi interacción con colombianos, “comenzaré mi terrible historia desde el principio de los tiempos” (Manolito Gafotas dixit): Sigue leyendo

Amores perros

Al día siguiente me doy cuenta de que, en realidad, los perritos que se interesan por Linda son muchos -casi todos, en realidad-, algunos de manera tan intensa -le juegan, la siguen, gimotean, le mordisquean las orejas- que parece que no la van a dejar nunca. Y sin embargo se dan la vuelta en cuanto rebasan las lindes de su finca, de su mundo conocido. Los que se saltan esos límites imaginarios, nos siguen y acompañan durante horas, incluso días, incluso jugándose el tipo son, precisamente, los escasos ejemplos que recuerdo a la perfección Sigue leyendo

Debí hacer carrera diplomática…

Como saben, mi capacidad para vivir sobre asfalto con dignidad se agota a las dos semanas de media. Incluso habiendo encontrado mi lugar en Bogotá -un barrio llamado La Soledad, tranquilo, con tienditas, algún restaurante, locales con música, arbolitos con flores, y una temperatura apreciablemente superior a la de los cerros, en el que me siento muy a gusto-, y habiendo descubierto el campus la Universidad Nacional -un paraíso donde se pueden meter bicis y dejan entrar a mi inseparable amiga hasta en el Auditorio Principal para escuchar una charla del Embajador de Palestina en Colombia-. Sigue leyendo

Lecciones diarias

De todos es sabido que el mal de amores pasa, y que otras cosas llegan. Igual que los semestres, los dolores, y las buenas noticias. La cuestión es que el lapso de tiempo entre lo primero y lo segundo es, a veces, tan demorado que podemos llegar a olvidarlo en el trayecto.  Sigue leyendo

Realidades, distribución y cosmovisiones

Steven es otro de mis amigos que cuadra en el esquema de rolo con conciencia social y ecológica.

Un día festivo cualquiera me propone el siguiente plan: visita a la casa de los que está construyendo para la comunidad wounaan, tras encontrar medios debajo de las piedras, en Ciudad Bolívar -Steven es arquitecto-, y posterior almuerzo con el colectivo indígena de la Universidad Externado de Colombia en la casa misak.

Evidentemente me falta tiempo para apuntarme.

Mi amigo me abre las puertas, en un solo gesto, a dos de las realidades más duras y apasionantes de Colombia. Sigue leyendo

Reforestando Bogotá

A la familia Salazar Muñoz, los protagonistas de los momentos más hilarantes de mi vida bogotana

El bogotano, cachaco o rolo se caracteriza por ser emprendedor, tener conciencia social y por su amor a la tierra -esto último, quizás, por el contraste con la enorme cantidad de cemento que lo circunda-.

Al menos los que yo conozco. Sigue leyendo