Los judíos ponen piedras sobre las tumbas para simbolizar la eternidad; los ángeles ponen señales sobre las mochilas para mostrarnos el camino.

Un mes después de la muerte los judíos se congregan para rezar.

Me despido de Talía -mi nueva amiga que dirige el documental que estamos grabando aquellos que, por esta jugada del destino, nos convertimos en emisarios de sus sueños-, y de una Linda tocada con su pañoleta de las ocasiones especiales, frente a la imponente entrada de hierro bajo la esplendorosa luz de una mañana soleada en Bogotá.

Mis acelerados pasos resuenan sobre el mármol mientras me dirijo a una gran puerta, que logro abrir con cierto esfuerzo. En la sala ricamente adornada son hombres tocados con kipa y un pañuelo sobre los hombros quienes me indican que tengo que dirigirme al piso superior…

… Exactamente la misma sensación de transición a otro mundo, de parálisis del tiempo, de paz, de humildad, de orden conforme a parámetros diferentes, de siglos de historia corriendo por mis venas, que cuando pisé una mezquita.

La ceremonia es ancestral: la protagonizaron judíos hace 2000 años; judíos de toda Europa que fueron perseguidos por ello; judíos en Tierra Santa, algunos quieren convivir con sus vecinos palestinos, otros celebran cuando el ejército bombardea sus aldeas. Mi corazón se estremece por un momento y decido hacer como Steven: pensar y sentir que las personas que me rodean son esencialmente buenas.

Judíos en todos los países del mundo, en todos los tiempos, en todos los lugares: mi amigo era uno de ellos. Me siento honrada de entrar por primera vez –y con seguridad no la última- en una sinagoga para conocer esa parte de él y compartir con tantas personas, algunas de rasgos fascinantemente familiares, unidas por su causa.

El cementerio se encuentra a las afueras de la ciudad. Mi imaginación dibuja un campo verde con estelas de mármol y flores. En su lugar, y tras bordear otro cementerio que seguramente reproduzca fielmente tal descripción, enfilamos por una carretera destapada hasta llegar a un espacio alejado del tumulto de la Autopista Norte en el que, sobre un pasto de color entre verde y pardo se alinean sobrias y grandes lápidas grises.

Al final de la fila, bajo la tierra sembrada de piedras de la que resurge un cartel en madera con su nombre y su estrella, con su sencillez de siempre, descansa Steven.

Las lágrimas corren, irrefrenables, por las mejillas.

Las manos se entrelazan.

Los cuerpos se funden en abrazos.

Te imagino riendo ante la visión de Linda correteando por la pradera provocando que los ánades del humedal aledaño levanten el vuelo y -poniendo voz a la naturaleza que tanto amaste-, canten para nosotros.

Fue una bendición conocerte, amigaso; personaje entrañable; chiquito bonito.

Estás tan cerca. Apenas ahí enfrente, casi te puedo tocar.

Poso la mano sobre la tierra que lo cubre en el anhelo de sentir su calidez.

Tras las carreras, Linda se echa sobre esos mismos grumos de arena que acariciamos y extiende la pata para indicar que la niña peluda de sus ojos está allí también.

Cuando me giro para recoger mis cosas encuentro un portaminas marca Fabell Castell color verde oliva encima de la mochila arhuaca que reposa a mi lado, sobre la hierba.

No es de nadie, simplemente apareció allí.

-Si no escribes estás perdiendo el tiempo- me dice su padre cuando se lo muestro –A tu regreso vienes a vernos Villa de Leyva; y el año próximo vamos todos a Estocolmo…

A Estocolmo ¿a qué?, me pregunto pensando que la familia tiene orígenes holando-austriacos, más no escandinavos.

… A recoger el Novel de Literatura-, concluye.

Dejo una piedra sobre su tumba y me alejo sacudiendo la cabeza y sonriendo.

Tu amor no tienen límites, amigo… ¡Qué bendición!

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4 pensamientos en “

  1. Fiona aun sin conocerte, reconozco tu alma generosa y amorosa.. ..
    hermosas palabras que describen el escenario haciendo k participemos del momento…..verte ayer con Linda en ese espacio verde k tu describes me emociono….sabiendo k hacia homenaje a su querido padre…..
    Steven, Hacedor de La Paz, estará siempre en nuestros corazones ….

  2. Verdaderamente muy lindo escribes Fiona,hazle caso a Peter y sigue adelante,se ve que fuiste muy amiga de Steven (que en la Gloria este)de todos modos me dejaste con mis lagrimas,de tristeza y a la vez emocion de tener amigos como lo fueron ustedes.Gracias Fiona no dejes de escribir en esta pagina.

  3. Hola 🙂

    creo que todos estábamos muy emocionados en ese momento. Para mí, que estaba fuera cuando todo ocurrió, ver su tumba, ese signo terrenal y físico e ineludible fue un golpe duro, una impresión honda y un fuerte baño de realidad que por otra parte me ayudó a digerir. Linda se relaciona con el mundo más desde las energías y simplemente se echó allá, sobre él, desde donde le sonreían 🙂

    Y si, estoy segura de ello, como dices siempre estará en nuestros corazones…

    Un fuerte abrazo.

  4. Me envió linda milagros por un enlace que dejo en uno de mis acostumbrados mensajes para ella….
    “Si no escribes estas perdiendo el tiempo” y privándonos a nosotros de cada viaje que nos regalas entre tus letras…

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