Si entras en mi habitación…


El mundo nos rompe a todos, más después, algunos se vuelven fuertes en los lugares rotos

(Ernest Hemingway)

Si entras en mi casa lo primera que te encuentras es a Steven en forma de planta… Una planta gigante que pasó casi un año con él – mientras yo estuve ausente del país-, y con sus botellas recicladas para tener su propia huerta ecológica, en Bogotá.

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Más allá el banco de color azul donde en esa época estaban sus zapatos, y ahora están los míos.

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Al fondo, el joyero con múltiples cajones que le fascinó para mí… Aunque yo no tenga joyas. Lo llevamos a lijar y pintar donde un reparador de muebles en el barrio de Egipto, arribita de su casa en la Candelaria. Recuerdo su insistencia porque el blanco no fuera a acabar con el hilo de oro que hacía dibujos de flores y hojas sobre la madera.

Y, al lado, la revista con una entrevista a su amiga María Mulata, cuya música escuchábamos en el carro, que hace tiempo quería entregarle.

La jirafa que compré en Namibia y que, previo paso por Europa, le acompañó en este continente, me recuerda -con un gran calendario colgado de uno de sus cuernos- mis obligaciones y proyectos… Las cosas en torno a las cuales hace unas semanas giraba mi vida y hoy me son indiferentes.

Escribo sentada en la silla de barbero que adquirimos tras un intenso regateo en el que era un maestro, y eso que la hija de árabe soy yo.

Incluso mi escritorio tiene relación con él: lo vi en la calle desde su carro. Esa noche, pese a que se ofreció a parar, me dio pena –pena colombiana- molestarlo con otra de mis ocurrencias en las que me apoyaba siempre, de manera que fui a recogerlo de madrugada en pijama. Logré llevarlo a casa con ayuda de un habitante de la calle que dormía debajo, a quien contraté por sus servicios, pagué por cederme parte de su techo, e invité a desayunar.

De trasteo

Si entras en mi habitación, también está Steven, en la perra que descansa junto a mi colchón, así como en las mesillas de noche que velan mi sueño y que compramos juntos en el mercado de las pulgas frente a la Torre Colpatria, como el resto de muebles que conservo.

Si entras en mi cabeza, todo es Steven: Steven con las pupilas dilatadas pidiendo auxilio; Steven con sus ojos verdes reflejando el cielo en mitad del bosque; Steven rodeado de chaquetas fluorescentes envuelto en plástico negro; Steven frío sobre una fría plancha de metal en la autopsia; Steven bajo tierra dentro de una caja cubierto de flores; Steven en los árboles que vamos a plantar en los próximos días en su memoria; Steven en el amor de su familia y amigos; Steven en la bicicleta blanca que instalaremos en el Impact Hub como homenaje; Steven en incontables rincones y momentos de Bogotá; Steven en la carretera, haciendo rugir su camioneta; Steven incitándome a sonreírle a la vida; Steven impulsándome a sacar adelante mis proyectos; Steven sentado junto a Laura, con las manos entrelazadas, en el piso; Steven opinando que soy un ser profundamente espiritual y yo negándolo y riendo, pensando que repetiríamos la misma conversación toda la vida; Steven haciendo bromas con todo el mundo; Steven en el cielo plomizo y las nubes barrigonas; Steven tras las conversaciones intrascendentes del ascensor o de las tertulias radiofónicas; Steven en el trancón que no vivirá un nuevo día; Steven en el corazón de los que lo conocimos; Steven en el aturdimiento, en las lágrimas, en la ausencia, en el nunca más; Steven en el dolor lacerante.

Steven en su sonrisa inmortal.

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9 pensamientos en “Si entras en mi habitación…

  1. Lo siento muchísimo, te acompaño en el sentimiento y te mando mucho ánimo y fuerza para superar estos duros momentos. Descanse en paz.

  2. HOLA YAMILA!!!!

    Cada día escribís mejor!!! Muy fuerte todo lo que ha dejado Steven, pero que bueno poder “tenerlo” presente en cada objeto que te rodea!!!

    Beso grande

    Mirta

    Date: Mon, 13 Apr 2015 22:42:29 +0000 To: mirta959@hotmail.com

  3. Mi querida Yamila eres una persona muy fuerte al tener palabras para relatar todo lo vivido con tu gran amigo, lamento mucho lo ocurrido y gracias por darnos la oportunidad de conocer un poco más de ese ser que compartió muestras vidas, poco pero muy sustancioso. Te mando un fuerte abrazo

  4. Hola Yamila, aunque no te conozco personalmente, encuentro gran paz y espiritualidad en ti, que la transmites de manera muy linda en lo que escribes. Gracias por compartir con tus lectores de tu blog.

  5. Muchas gracias por tus palabras. Curiosamente, y como comento en el texto, Steven hacía referencia frecuentemente a mi espiritualidad, que yo negaba aduciendo que no soy creyente y que siento que tengo un vínculo más fuerte con los animales que con cualquier “algo inmaterial”. El siempre decía que la espiritualidad era una forma de estar, de relacionarse con el mundo. Ahora tu lo mencionas también…

    Me van a acabar haciendo dudar 😉

    Un fuerte abrazo, Freddy. Nos vemos por acá.

  6. Hola,

    no sé si es cuestión de fuerza, el caso es que escribir es lo que me pide el cuerpo en estos momentos y prácticamente lo único para lo que encuentro energía. Pienso en él constantemente y en algunos momentos siento el impulso muy fuerte de plasmarlo, compartirlo, recrearme o liberarme de ello a través de las letras.

    Como decía en otro post “Genio y figura”: hasta muerto Steven me sigue mostrando el camino.

    Me confronta de manera descarnada con mi esencia, con lo que me mueve, con mi vocación que estuve buscando tanto tiempo.

    Y sí, fue muy sustancioso, bonita forma de definirlo :).

    Otro gran abrazo para ti.

  7. ¡Hola Mirta! 😀

    Recuerdo cuando, allá por Asia, una vez me dijiste algo similar comparándome ni más ni menos que con Gardel 🙂

    De cuando en cuando me viene esa frase a la cabeza, cuando tengo dudas, cuando pienso si habrá algún cambio en meses, y siempre sonrío y me acuerdo de ti con mucho cariño allá en tu Argentina. Las palabras tienen, realmente, mucha fuerza.

    Y los objetos que me acompañan también. Estoy feliz de vivir rodeada de muebles de mi amigo. Supongo que, con el tiempo, se irán amalgamando con mi vida, igual que el dolor, pasando a ser compañeros que me recuerden amorosamente la luz de ese gran personaje que tuve la fortuna de conocer.

    Un abrazo gigante y un beso.

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