¡¡¡Libro a la vista!!!

Sábado de puente en Bogotá, el reloj del móvil marca las ocho de la mañana, un cielo estremecedoramente gris planea sobre nuestras cabezas.

Al igual que ocurriera cuando, al aceptar mi tía y su familia quedarse con Linda unos meses, se abieron las puertas de mi viaje a Asia; tan insigne personaje, percibiendo mi excitación, alterna los saltos y aullidos en torno a mí moviendo vigorosamente la cola, con su actividad favorita de echarse al piso, en su postura de “manos arriba esto es un atraco”, para que la acaricie.

Con voz algo trémula por el llanto contenido, canto, con -casi- toda la fuerza de mis pulmones (tengo vecinos), y bailo, igualmente dando saltos, en el salón, esta canción que ya les pusiera, hace muchos meses, desde un cobertizo de madera en algún rincón de Camboya:

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