Sobre la ubicuidad de El Almendro


Después de casi cuatro meses en Colombia lo suyo sería volver a casa por Navidad…

En lugar de eso, parte de mi casa vino a pasar las fiestas conmigo y, de paso, recorrer algunos de los rincones que quiero conocer antes de abandonar, en algún momento todavía indeterminado, estas tierras. La consecuencia de ello es que no volveré en diciembre, como el Almendro, sino con el comienzo de la primavera, como las flores del susodicho.

Mañana salimos mi señora madre -segoviana de 66 años-, mi señora perra -llanera de 3-, y yo -que añado un nuevo peldaño en mi imparable ascenso hacia los 40 el día del nacimiento del señor que motiva esta fiesta- a conquistar el sur de Colombia, en concreto los departamentos del Huila y del Cauca.

Llevamos una sola mochila para las tres, ya que, por su honorable pila de años o porque se le resbalan las alforjas al tener la espalda torcida, ninguna de las dos puede cargar peso. Si habremos, sin embargo, de cargarnos de paciencia y abandonar cualquier sueño de planificación, puesto que dependemos de la buena voluntad de las personas -que en el campo es mucha- para que nos dejen desplazarnos y alojarnos con Linda. Viviremos la Colombia profunda kilómetro a kilómetro, ya que haremos los trayectos en coloridas busetas donde no tienen inconveniente de cargar un costal de harina o un marrano -o una perra con educación de colegio de monjas bilingüe- en lugar de en buses confortables, con un aire acondicionado que hace asomar carámbanos a tu nariz.

El resto del equipo de aventureras

El resto del equipo de aventureras

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Visitaremos pueblos remotos; ruinas arqueológicas; pasaremos unos días con los indígenas Misak, en tierra de Guambía, en casa de mi amiga Diana; pasearemos a caballo; nos relajaremos en pozas de aguas termales; veremos cascadas; volcanes de más de 5000 mts.; caminaremos por selva, montaña y desierto.

Salimos mañana… La fecha de regreso es abierta.

En los últimos días tomé la decisión que hace ya meses rondaba por mi cabeza: mis días en Colombia no son eternos. El mundo es muy grande y, tras tres años de presencia intermitente en este país que me regaló muchos conocidos y un puñado de buenos amigos, algunos de los paisajes más impactantes que nunca vi, y muchas de las vivencias más divertidas, frustrantes, intensas, y dramáticas de mi vida, llegó el momento de enfilar nuevos derroteros.

De este modo me voy despidiendo del país que me acogió, durante varios meses al año, durante los últimos 3 años. Acá aprendí que nada importa lo suficiente como para amargarse la vida; que hacer planes es baladí; que lo único en que se puede confiar, lo único real, es lo que está -literalmente- ocurriendo en este instante; y que no hay nada que no merezca ser abordado con una sonrisa. También descubrí que a García Márquez se le olvidó una sílaba al definir su estilo literario: lo que yo viví durante este tiempo, tratando de integrarme en la cultura de acogida, fue el más alto exponente de surrealismo mágico.

El Almendro, este año, cambia de escenario -al menos las tabletas de turrón que cruzaron el charco en la maleta de mi madre-, para endulzar los paladares muchas familias colombianas, y también los nuestros… El día 24… Donde quiera que estemos…

 

 

 

 

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2 pensamientos en “Sobre la ubicuidad de El Almendro

  1. Que buen plan de despedida!
    Disfruta mucho de tu aventura y de la compañía de tus aventureras. Saludos a tu má y a Linda.

    Ya nos veremos si nos vemos por acá o por allá.

    Abrazos,

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