Los últimos serán los primeros…


We are born in one day. We die in one day. We can change in one day. and we can fall in love in one day. Anything can happen in just one day.”

(Louise Hay)

En realidad todo puede cambiar, incluso, en el tiempo que tarda en sonar el himno de un lugar de Cundinamarca, de cuyo nombre no quiero acordarme:

El pueblo donde perdí, entre otras cosas, mi inocencia…

… Pero no adelantemos acontecimientos y les cuento mi terrible historia desde el principio de los tiempos.

Tras nueve meses de ausencia en Asia y Europa me reencuentro con mi grupo de amigos ciclistas colombianos para una nueva aventura, y esta vez invito a Steven a acompañarme (y a que, de paso, que se una a mí en la retaguardia).

Como cualquier primíparo a punto de incluirse en un grupo nuevo para realizar una actividad que puede llegar a ser extrema -dado el relieve de mi país de acogida, así como la forma física y equipamiento de los integrantes del grupo-, teme quedarse atrás, no resistir e, incluso, morir en el intento.

Yo soy la garantía de que nada de eso vaya a ocurrir: es matemática y empíricamente imposible que alguien sea más lento y físicamente más flojo que yo. En cuanto al aspecto mental, saber que tu amiga irá, por muy desentrenado que estés, siempre detrás tuyo sin estresarse, constituye un empuje inestimable para atreverse a traspasar los propios límites.

Es decir, soy el mejor cebo para captar nuevos adeptos al cicloturismo.

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Por alguna razón que no alcanzo a comprender, mis amigos ciclistas colombianos me siguen invitando a sus salidas. Digo inconcebiblemente porque ni la estética, ni el ritmo tienen punto de corte con el del grupo… Incluso Steven, el nuevo, no sólo corona con su bici de cien dólares todas las subidas que se le ponen por delante, sino que acaba esperándome a cada recodo del camino.

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Por suerte todas las partes lo tomamos con humor, es decir, yo llego con una sonrisa de oreja a oreja a los puntos de encuentro, y ellos me vitorean como si hubiera culminado el Giro de Italia de espaldas, cuesta arriba y contra el viento, en la primera posición… Aunque lleven horas esperándome.

Mi amigo disfruta de la naturaleza y de la compañía como hacía tiempo y, esa misma noche, a la luz de la vela de nuestro cuarto sin electricidad, me propone repetir estas salidas a menudo.

Ni él, ni yo, ni ninguno de los veinte integrantes del grupo podía sospechar lo que pasaría a la mañana siguiente a escasos metros de nuestro sencillo alojamiento -en concreto, en las dependencias del Ayuntamiento- en el preciso momento en que sonaba el himno de Gutiérrez…

… Más de un mes después, incluso habiendo registrado algunos domicilios y todos los barrancos de los alrededores, Blanche, mi bicicleta americana, sigue sin aparecer. La Fiscal de Cáqueza se puso en contacto conmigo para iniciar el proceso que, sin acusado, no creo que llegue muy lejos. Dado que mi seguro de viajes multiaventura que hice antes de viajar a Asia no cubre el robo o la pérdida de equipaje, en estos momentos estoy en manos de la buena voluntad del Alcalde y, en concreto, de si se decide a emplear el dinero destinado a la recompensa por ofrecer alguna información, a indemnizarme de alguna manera por la sustracción de Blanche en sus dependencias, que él mismo puso a disposición, con el compromiso de vigilar las veinte monturas que dormían allá dentro, cuando se organizó el evento coclimontañista en el pueblo.

Muchos de los presentes aquel día se sorprendieron de mi reacción, casi humorística, al suceso. Lo cierto es que, pese a ser el bien material más caro que había adquirido en mi vida hasta el momento, lo que perdí fue, fundamentalmente, dinero… Junto con la comodidad de tener una bici que me esforcé en buscar, transportar hasta Colombia, y que había usado cinco veces hasta entonces; y algo de mi confianza en el género humano.

Esta vivencia confirma una de las grandes verdades que ya revelara Jesús: los que parquean de últimos serán los primeros…

… Los primeros en quedarse sin bicicleta.

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Embalse de Chivor, 2013

Embalse de Chivor, 2013

 ¿Continuará…?

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8 pensamientos en “Los últimos serán los primeros…

  1. …………………pero la vida, por fortuna no es solo un dia………………….
    En la foto frontal sentada en la bici………..imponente: concentrada, manos en frenos, casco ajustado……………….¿empezabas una etapa profesional en la famosa Colombia ciclista ?. un beso super. tobalin

  2. En Suecia estuve en una fábrica en la que el que llegaba primero aparcaba en el lugar más alejado, de manera que el último es el que aparcaba al lado de la puerta. Me dijeron que era una costumbre que alguien implantó un día y todos seguían, así el que llegaba último era más difícil que llegara tarde. Impensable en un país latino no ?

  3. Bueno, en este caso concreto todo transcurrió exactamente como en Suecia. Los primeros fueron aparcando al fondo y mi bici quedó la última, al lado de la puerta, encima de la de Steven. Quizás mi experiencia pueda arrojar una luz sobre las extravagantes costumbres nórdicas… 🙂

  4. ¡ya te echaba de menos!

    Pues es una faena pero las cosas sólo son cosas. Mientras a ti no te pase nada de nada, sólo es metal y plástico, si se puede se compra otra y si no, pues no. Así que ¡aplaudo tu reacción!

  5. ¡Hola Cucho!

    Yo a ti también 🙂

    De hecho tuve suerte de estar escuchando el himno mientras tanto y no subida encima. No sé si compraré otra, en realidad necesitaría una para ciudad poco llamativa, precisamente para que no me bajen de la bici para quitármela; y otra para salir, pero si la compro más económica tendrán que esperarme 4 horas en lugar de dos porque esto es empinadísimo, tiene barro etc etc. Y comprar una más cara me da un poco de pereza a la vista de las circunstancias. Me encuentro algo bloquedada en este punto…

  6. La verdad es que con esas rutas y esos paisajes (y buena gente) cuesta trabajo no tener la tentación de invertir en una máquina buena y salir a la mínima ocasión… qué barbaridad, qué exuberancia por diossss…

    Yo con la gente que salgo tenemos la costumbre de llevar candados y cables largos de acero enfundados y las atamos unas a otras estén donde estén, da igual que vayan dos que veinte, al final hacen todas una piña. Eso no quita que te manguen algún componente pero al menos no se llevan ninguna entera.

    Bueno, la verdad es que si se la quieren llevar se la van a llevar, pero al menos tienen que perder el tiempo.

  7. No entiendo cuál es la bici que perdiste…la de Asia, la Orbea? O la Orbea es Milady?

    Yo, después de que me hayan robado ya 3 plegables me lo tomo siempre con ese humor….
    Un besote!!

  8. No querida, Milady esá en una caja en casa de mis padres en Madrid. Esta es una nueva con freno de disco y toda la vaina que me costó 1200 euracos -la mayor inversión en mi vida hasta hoy-, dado que las condiciones del terreno aquí son barro, agua, y cuestas del 10%. Se llamaba Blanche y me temo que nunca la llegarás a conocer… 😉

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