¿Caso clínico o milagro?


Hoy Linda y yo deberíamos estar disfrutando de la hospitalidad de mi amigo Ricardo, del calorcito, y del cielo azul de Medellín, preparándonos para el gran evento que tiene lugar el próximo viernes, que nos catapultaría a ambas como escritoras a este lado del océano:

El V Encuentro anual de blogueros de Colombia, con participación de los promotores turísticos del país y una amplia cobertura de prensa.

En realidad todavía me sorprende que me aceptaran… Mi blog no es ciertamente un blog turístico con datos prácticos relevantes o evocadoras descripciones de lugares recónditos que visitar. Ya quedamos en que mi género es el novelón existencialista con tintes -acá en Colombia-, de surrealismo mágico. Ni siquiera pienso que mis escritos constituyan necesariamente un aliciente para venirse en las próximas vacaciones… Algunos podrían incluso tener el efecto contrario.

Pero Linda encaja a la perfección en el perfil de bloguera oficial. En el último año visitó la costa del pacífico en lancha y asistió al nacimiento de tortugas Carey, paseó por la ciudad amurallada de Cartagena, se solazó al sol en la famosa Playa Blanca, conquistó la somnolienta y remota ciudad de Mompox, participó en el velorio de la famosa cantante Graciela Salgado en San Basilio de Palenque, me acompañó en un Congreso en Ibagué, conoció el alumbrado navideño de Medellín, paseó por infinidad de lugares en los alrededores de Bogotá y acabamos de regresar de pasar una semana en Taganga y en el Tayrona, donde aprendí a bucear.

En el poco tiempo que llevamos juntas, conoce su país como la palma de su pata.

Ella sí puede sugerir itinerarios y puede aportar un punto de vista diferente a bípedos -a la vez que dar muchas ideas y consejos para equipos de viajeros mixtos-. Y el día en que la representante de la organización, diciendo que la perrita puede acompañarnos en todo el evento, me abre la puerta al sueño de mostrar a un sinnúmero de personas aquello de lo que un ser vivo desahuciado es capaz de hacer si se le da la oportunidad, el destino da otro golpe de esos que hace tambalearse mi mundo y, en concreto, dudar muy seriamente acerca de lo que estoy haciendo.

En lugar de estar disfrutando de la hospitalidad de mi amigo Ricardo, del calorcito, y del cielo azul, preparándonos para el gran evento que tiene lugar el próximo viernes en Medellín, que nos catapultaría a ambas como escritoras a este lado del océano, Linda está hospitalizada en Bogotá.

Una picadura de garrapata le activó la infección en la sangre que trae como dote de los tiempos de la gasolinera. Ademas un nuevo protozoo visita su intestino lo que le provoca vómitos y diarrea. Lleva varios días con fiebre y sangra por la nariz y por las encías. La analítica dice que la sangre de Linda tiene la consistencia del agua: no tiene plaquetas, pocos glóbulos rojos y su sistema inmune es inexistente… Hasta el punto de que el veterinario -que incluso solicitó repetir la analítica porque no se podía creer lo que estaba viendo- no se atreve a medicarla porque no sabe como puede reaccionar su organismo con un cuadro tan descompensado.

Por tercera vez desde que nos cruzamos hace menos de dos años, el nudo en el estómago, el sabor a bilis en la garganta, la respiración entrecortada, las lágrimas quemando al borde de los ojos y la sensación de lucha… De lucha contra las radiografías, las cifras, los pronósticos, las expectativas, para que ese ser vivo excepcional que es Linda salga, una vez más, adelante.

Y por tercera vez nuestros amigos, aquellos que la conocen y la quieren, nos dan su apoyo y su cariño, lo que ayuda mucho: a ella, que bate la cola cada vez que llega alguien a visitarla, y a mí, que no me siento tan sola con la situación.

Y yo que pensaba que, por fin, tenía un perro normal.

El primer veterinario al que la llevé me dijo que debía sacrificarla porque no iba a volver a caminar… Hoy corre, salta, hace quiebros y giros de 360º en el aire para esquivar a sus amigos en el parque, e incluso se convirtió en una de las primeras “perregrinas” en caminar hacia Santiago de Compostela.

Otro veterinario que le hizo su primera y última radiografía no da crédito a que Linda pueda moverse con el cuadro de Picasso que tiene por tren trasero, con la cabeza del fémur astillada incrustada en la cadera y la pata derecha suelta, junto con la otra fracturada en tres trozos que se le pegó sola.

Cuando la vacunaron de la rabia su sistema inmunitario no respondió. El veterinario aseguró que nunca podría viajar a España conmigo. Ante mi petición de repetir la prueba con el convencimiento de que lo iba a conseguir, sacudió la cabeza advirtiéndome que iba a tirar el dinero y… Salió positivo.

Ciertamente no tengo una perra normal; tengo una perra milagro.

No obstante, y ante semejante cuadro clínico, vuelven a mi cabeza las viejas preguntas: ¿estoy haciendo lo correcto con Linda? ¿No debería llevar una vida más tranquila? ¿Hago bien llevándola siempre conmigo? ¿Es egoísta por mi parte someterla a constantes cambios de lugar, de clima, de entorno, de casa y de ritmos? ¿Debería darla en adopción a una familia que pueda ofrecerle una vida más estable? ¿Debería jubilar a Linda como “bloguera de Colombia” antes de comenzar, no arrastrarla en mi loco estilo de vida?

Entonces me vienen a la cabeza imágenes de los momentos que vivimos juntas: su reacción cuando, después de mi viaje por Asia, me vio preparar la mochila para irnos a recorrer el Camino de Santiago después de pasar varios meses de vida tranquila en Madrid; sus volteretas en la hierba cuando bajamos del coche en Francia; en su felicidad persiguiendo iguanas en la costa colombiana; su excitación olisqueando troncos de palmera en la playa, musgos en el páramo, redes de pescadores o la nieve; su emoción persiguiendo cangrejos chocoanos, patos en la laguna de Ubaque, conejos valencianos, pelícanos en Taganga, cigüeñas en Segovia o gaviotas en las playas catalanas; sus carreras hacia las lanchas dispuesta a surcar los mares con el hocico al viento; sus paseos, pegada a mis talones, en las atestadas calles del centro de Bogotá; sus saltos al agua desde la lancha o canoa pensando que lo que hay debajo es hierba; las veces que se detiene a esperarme para asegurarse de que la sigo por el nuevo camino que descubrió; la apacibilidad con la que se echa a mis pies para viajar durante 30 minutos o 12 horas a un nuevo destino….

… Y surge la pregunta, que -creo- es el interrogante que nos afecta a todos y que seguramente es el que se plantearía ella…

¿Cómo quiero vivir? ¿Dejando un bonito cadáver como James Dean o congelándome para existir eternamente, como dice la leyenda de Walt Disney?

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17 pensamientos en “¿Caso clínico o milagro?

  1. Espero de todo corazón que Linda se mejore y que pueda participar del encuentro de blogueros. Un abrazo.

  2. Linda, es una luchadora, así que seguro se va a mejorar! (si es que ya no lo ha hecho). Y ante la pregunta de si es ‘mejor’ buscarle una casa apacible, tu muy bien esbozas la respuesta, hay seres para los que es mejor encontrar el fin en el camino que contemplando el horizonte…

    Mucha buena vibra para que te puedan estar juntas en su lanzamiento a la fama 😀

  3. Si que es un dilema. Pero aunque es verdad que el cariño nos empuja a tratar a los animales como humanos, lo cierto es que al menos los perros demuestran claramente si están aburridos, tristes, alegres o lo que sientan.

    Lo digo porque creo que ahora que lleva una vida rica en estímulos (no me atrevo a usar el término más humano de emociones), como la metas en casa durará más pero con una bonita depresión me temo. Vamos, como si tú te tuvieras que quedar en casa en el sofá después de un trabajo de oficina de 9 a 5. ¡Te da algo!

    Igual el punto medio es lo mejor. Que siga acompañándote y tu te cortas un poco para no darle palizas extra. Como si viajaras con el abuelo, supongo. Está claro que ella es feliz trotando contigo y viceversa, así que no creo que os hiciérais un favor si os quedais en casa por culpa de su cadera.

    No sé. Es una opinión de alguien que no tiene perro pero parece lo más lógico, igual es una pamplina lo que digo.

  4. Viajar con la abuela…

    Es el concepto en el que estaba pensando: clima suave, dieta cuidada, taxi en lugar de buseta…

    Para no tener perro tienes criterio de veterinario :): hoy hablé con él de esto precisamente y dijo lo mismo que tú, que como la meta en casa con la vida que lleva se podría deprimir.

    ¡Un abrazo, Cucho!

  5. ¿Tu crees? Yo solo me doy cuenta de que al decir “vosotros” se me traba la lengua 😉

    Gracias Hanns, las dos escritoras a este lado de la línea sonreímos con tus ánimos.

  6. Estoy con nudo en la garganta y ojo aguado. Trufa pasó una noche en el hospital hace unos meses y casi me muero. Pero ellas son muy fuertes!!! Ya verás que con mucho amor Linda se va a recuperar pronto 🙂 el año pasado a Trufa le dio Lyme (también por una garrapata), me dijeron que no la llevara más al parque porque la estaba exponiendo. Pero ella es TAN feliz cuando corre por ahí que me niego a no sacarla. Si se vuelve a enfermar por lo menos me queda la satisfacción de que vivió al máximo y feliz!!! Ni Trufa ni Linda son perras de estar encerradas en apartamento. Estamos pendientes de la pronta recuperación de Linda!!!

  7. Hola Manuela y Trufa,

    Gracias por vuestras palabras. Linda anda algo más repuesta aunque dista mucho de estar bien, después de dos noches ingresada ya está en casa. Hoy el veterinario me dijo que, con la vida que lleva, si la encierro se deprime -lo que dices es justo lo que pienso… Es TAN feliz!- así que podéis aplicaros el cuento :D.

    ¿Le pones a Trufa pipeta y collar antigarrapatas? Linda siempre lleva, aunque aún así se le suben, pero no se prenden inmediatamente por el efecto de piel caliente que hace el producto, por lo que las garrapatas pasen bastante tiempo bailando flamenco sobre el cuerpo de las niñas antes de poder morder. Por eso hay que revisarlas muy bien cada vez que tengan una salida “de riesgo” y quitárselas antes de que muerdan. Se esconden fundamentalmente en las axilas, alrededor de los ojos y entre los dedos de las 4 patas…

    … ¡Entre los mosquitos y esas bestias arácnidas se cubrió de gloria el responsable de la creación! 😉

  8. Bueno amiga, la garrapata cabrona podría haberla encontrado en el entorno más apacible del mundo…
    Linda y tu estáis unidas, no hay más
    Viviréis mucho juntas aún
    Cuidaros mucho y mantenednos informados!

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