Dos Caminos y un destino


-“¿Me vas a comparar con la perra?”- pregunta, sorprendido, mi padre cuando le pido autorización para utilizar su imagen en mi próxima entrada.

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Y sí. Aunque mi plan inicial siempre fue recorrer el Camino sola, por circunstancias del destino mi padre y mi perra fueron mis compañeros de aventuras en mis dos experiencias hasta el momento: uno en el Camino de Invierno y en parte del que va de Santiago a Fisterra, en otoño de 2012; y la otra en el Camino Baztanés y parte del Francés, en la primavera de 2014.

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El cariño hacia mí llevó a mi padre a ponerse a prueba en algo que no habían hecho jamás: salir de casa sin tener idea de lo que te espera, colgarse una mochila a la espalda, y recorrer España a pie.

Linda ya está más habituada a esta clase de sensaciones, no en vano convive conmigo desde hace más de un año y ha viajado en ese tiempo más que muchas personas en toda su vida. Sin embargo, para ella también fue una nueva experiencia caminar durante varios días seguidos, depender de la hospitalidad de las personas para poder comer y dormir a cubierto, enfrentarse a los elementos -frío, calor, agua, viento-, y sublimarse ante la maravilla que es encontrarse, día tras día, entre bosques, ríos, montañas y prados.

Ambos afianzaron o descubrieron alguna cosa importante: mi padre experimentó lo que es estar completamente expuesto; vivió el poder de la cabeza para hacer de una situación un desastre o una oportunidad, y el de la sonrisa; aprendió a confiar en la suerte; y comprobó que cualquier situación es llevadera poniéndole actitud.

Linda, por su parte, acabó de perfilar su talante aventurero; se ratificó en la seguridad de que, duerma en un establo o en la calle, siempre vuelvo a buscarla; y, tras muchos días de encuentros de lo más variopinto, interiorizó que la mayor parte de las personas son buena gente. Incluso aunque hablen a gran volumen y porten palos y/o mochilas enormes.

Para mí resultó conmovedor compartir con ellos una parte de mí que cada vez cobra más importancia, como es viajar de esa manera que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en mi elemento: con lo puesto, en estrecho contacto con las gentes y la naturaleza, improvisando y, moviéndome por la tracción de mis propias piernas. También mejoré mi capacidad para observar, estar pendiente de las necesidades de quien me acompaña, y adaptarme a ellas en pos del bienestar mutuo. Y tuve un campo de observación inestimable de los esfuerzos, las limitaciones, las fortalezas y de la visión del mundo de cada uno.

Ante una experiencia así los lazos se extrechan. La convivencia fuera de las paredes del hogar, en situaciones y circunstancias excepcionales, lleva, asimismo, a crear otra relación diferente, más completa, más profunda, más íntima y más respetuosa, incluso, que la existente hasta el momento.

Por si se animan a llevarse a su padre, madre, hija, hijo, tía, tío o familiar cercano -o incluso lejano-, perro o perra, novia, novio o amig@s de peregrinación -y coincidiendo con los quince días que duraron ambas-, a continuación quince datos sobre lo que tienen que tener en cuenta y sobre lo que, sin duda, se van a encontrar si se deciden hacerse este regalo:

1. Cada estación te traerá sorpresas diarias.

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2. Te mojarás:

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Aunque en ocasiones podrás resguardarte bajo algún gigante… OJO ¡siempre que no haya rayos!

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3. Sentirás la fuerza del viento e, incluso, miedo a volarte.

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4. La visión del cielo y la tierra te recordará colores que hace tiempo tus retinas no percibían.

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5. Verás puentes medievales, e incluso romanos, enmarcados en villas señoriales o pequeñas aldeas.

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6. Ante tus ojos se sucederán las imáenes de tus tiempos de estudiante de Historia del Arte: ciudades monumentales, iglesias románicas, catedrales, castillos, palacios, claustros y cruceiros…

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7. Tus extremidades inferiores sufrirán los rigores del Camino…

Baños de agua con sal van bien.

Baños de agua con sal van bien.

Ante las ampollas ¿qué hacer? La Escuela clásica dice pinchar. La Escuela más moderna apunta a la prevención y al uso del Compeed o similar a los primeros síntomas

Ante las ampollas ¿qué hacer? La Escuela clásica dice pinchar dejando un hilo atravesado para que drene. La más moderna apuesta por la prevención y al uso del Compeed o similar ante los primeros síntomas.

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Linda en mitad de su tratamiento diario de vaselina. En humanos también ayuda.

Linda con su tratamiento diario de vaselina. También apto para humanos.

Una vez que sale la ampolla la cosa puede acabar muy mal...

Una vez que sale la ampolla la cosa puede acabar muy mal…

También tu espalda acusará la carga (que no debe sobrepasar el 10% de tu peso corporal, lo que en mi caso es prácticamente imposible, sobre todo si haces el Camino en otoño y/o si además cargas comida y otros implementos de tu perro).

Estirando

Estirando

Los expertos discuten acerca de la explicación de este comportamiento en perros, habiendo llegado a la conclusión de que el mismo se produce en ejemplares particularmente activos a la par que consentidos, por lo que podría tratarse de la imitación de los estiramientos humanos.

8. Vivirás la España más rural

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9. Fuentes, zaguanes, prados, troncos, piedras… Todos se convertirán en tus aliados para descansar.

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Mientras que cualquier lugar puede convertirse en comedor…

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10. El milagro de la vida te sorprenderá a cada paso.

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11. Conseguir algo que echarte a la boca y un techo sobre tu cabeza será una experiencia épica.

En los Caminos poco frecuentados encontraras poblaciones desiertas, ausencia de tiendas, albergues e, incluso, de bares. En no pocas ocasiones dependerás de que una señora -suelen ser señoras- se apiade de ti y te prepare la cena o te caliente algo que de lo que tiene por casa; así como de que el señor Alcalde -suelen ser señores- te preste el suelo de la Sala Social, la Escuela o el centro deportivo para dormir.

En el Centro social encontramos colchonetas de gimnasio y hasta un parchís.

En el Centro social encontramos colchonetas de gimnasio y hasta un parchís.

Durmiendo sobre tablones en la Casa del Pueblo.

Durmiendo sobre tablones en la Casa del Pueblo. Huelga decir que pasamos un frío inenarrable aquella noche.

Acogidos por una señora apasionada del Camino de Santiago que nos habló de los túneles de teletransporte de templo a templo del Camino. Lamentablemente no pudimos probarlos dado que las iglesias estaban todas cerradas.

Acogidos por una apasionada del Camino de Santiago que nos habló de los túneles de teletransporte de templo a templo del Camino. Lamentablemente no pudimos probarlos dado que las iglesias estaban todas cerradas.

En el Camino francés hay, por regla general, puntos de avituallamiento cada 5-10 kilómetros y se ofrecen menús del peregrino en todos los establecimientos de restauración, si bien la relación calidad-precio deja, en no pocas ocasiones, bastante que desear.

En lo que respecta a la pernocta, si bien existe una amplísima oferta de albergues -e incluso hoteles y casas rurales-, la masificación hace que se produzca la siguiente paradoja: la espiritualidad, la contemplación, y exaltación de lo mejor de la naturaleza humana convive con la competición con el resto de peregrinos para conseguir una cama. De este modo, tras una larga noche de concierto de ronquidos, a las 5 de la mañana se escucha a las primeras personas preparándose para llegar los primeros a la siguiente etapa. No se ve a nadie a la sombra ni remojándose los pies en los arroyos a mediodía, y entre 1 y 4 de la tarde todo el mundo se encuentra recogido en el pueblo de turno.

Viajar con perro añade un grado de dificultad a tan complejo engranaje -que aún se complica más cuando eres de ritmo suave, adicta a la siesta, y te gusta caminar con la puesta de sol-.

En casi ninguna parte puedo quedarme con Linda, ni siquiera aunque duerma fuera. El argumento es que podría llorar o ladrar durante la noche y despertar a los peregrinos -lo que, en este caso particular, no aplica, ya que está perfectamente educada-. Es por ello que cada día me visualizo durmiendo a 6º C en el pórtico de la iglesia con mi saco de verano y sin esterilla.

Por suerte en algunos albergues se muestran particularmente comprensivos respecto de mi situación y o bien la dejan dormir en el patio, o le buscan un alojamiento alternativo en alguna cuadra, garaje, o vivienda.

En su colchón en casa de Ángel.

En su colchón en casa de Ángel.

En Francia pudimos dormir juntas en la habitación incluso en hoteles con estrellas.

En Francia pudimos dormir juntas en la habitación incluso en hoteles con estrellas.

En el albergue de Ayegui la dejaron entrar debido a que cayó una granizada que acabó rompiendo el techo de uralita.

En el albergue de Ayegui pudo entrar “gracias” a una granizada que acabó, incluso, rompiendo el techo.

Eso si, su euforia en los reencuentros casi me cuesta la cámara de fotos…

12. Te conmoverá y sorprenderá la amabilidad y hospitalidad de la gente.

Castañada típica (magosto) con cante acompañado de acordeón y posterior desplazamiento en automóvil a una población con alojamiento.

Castañada típica (magosto) con cante acompañado de acordeón y posterior desplazamiento en automóvil a una población con alojamiento.

Pan recién amasado que nos regaló nuestra hospedera en Las Médulas (León). Gracias a ello mi padre y yo tuvimos algo que echarnos a la boca las próximas 24 horas, dado que no había nada abierto.

Pan reciente que nos regaló nuestra hospedera en Las Médulas (León): la comida de ambos en las siguientes 24 horas…

A nuestro paso por las aldeas del Bierzo los paisanos nos regalaban con vino de su propia cosecha.

A nuestro paso por las aldeas del Bierzo los paisanos nos regalaban con vino de su propia cosecha. Algunos tramos llegamos a ir con la risa floja e incluso algo mareados.

Familia francesa que nos invitó a comer cuando llamamos a su puerta para preguntar por el camino.

Familia francesa que nos invitó a comer cuando llamamos a su puerta para preguntar por el camino.

Peregrinos valencianos que compartieron su cena con Linda y abogaron para que pudiera dormir con nosotros en el albergue.

Peregrinos valencianos que compartieron su cena con Linda y abogaron para que pudiera dormir con nosotros en el albergue.

Ángel, que se unió a una etapa con nosotras, nos acogió, junto con su familia en su casa un par de días, y luego nos dejó de nuevo en el Camino.

Mi amigo Ángel, que se unió a una etapa con nosotras y nos acogió, junto con su familia, en su casa para devolvernos al Camino días más tarde.

Melchor, otro peregrino con perra que nos ofreció el techo de su tienda si no podíamos alojarnos con Linda en los albergues.

Melchor, la otra rara avis: el otro peregrino con perra que nos ofreció el techo de su tienda si no podíamos alojarnos con Linda en los albergues.

Maite, del albergue Lurgorri, en Mareñu (Camino francés): dejó a Linda pernoctar en el patio, nos regaló dos aislantes por si en lo sucesivo teníamos que dormir al raso (como sólo quise llevarme uno me dió además una manta térmica de las que se usan en los accidentes). Y nos despidió con un trozo de pastel hecho por ella.

Maite, del albergue Lurgorri, en Mareñu: dejó a Linda pernoctar en el patio, nos regaló dos aislantes por si teníamos que dormir en la calle (como sólo quise llevarme uno me dio, para compensar, una manta térmica de las que se usan en los accidentes). Y para rematarlo nos despidió con un trozo de pastel hecho por ella.

Peregrinos andaluces nos invitaron a un picnic improvisado con embutido y vino de la región e introdujeron a Linda en el consumo del chorizo picante.

Peregrinos andaluces nos invitaron a un picnic improvisado con embutido y vino de la región e introdujeron a Linda en el consumo del chorizo picante.

13. Sentirás el peso de la historia -y la pertenencia a algo más grande-, al pisar las mismas piedras y coronar las mismas cimas que otros muchos peregrinos antes que tú.

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14. Para darle emoción a la peregrinación te pegarás, al menos, un buen resbalón.

En el Camino de invierno estuve a punto de acabar en el Miño al hacer una foto con disparador automático y resbalarme en una piedra mojada y cubierta de musgo cuando me dirigía corriendo hacia el embarcadero donde me esperaba mi padre.

Por suerte la mochila actuó de contrapeso de modo que, tras unos segundos haciendo balancín al borde, finalmente caí de espaldas sobre las tablas. Si llego a decantarme hacia el otro lado no sé que hubiera sido peor, si nadar con botas de montaña y mochila a la espalda, o que mi padre me hubiera arrancado probablemente el brazo al intentar sujetarme.

Y la foto no salió.

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En el Camino baztanés, Linda me arrastró al resbalarse del tronco del árbol al que se había encaramado para escapar de la lluvia (aquí).

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15. Y Santiago será, como no, omnipresente…

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4 pensamientos en “Dos Caminos y un destino

  1. Oh amiga batutta ( puedo poner las 3 “t” como quiera no?) , maestra de grandes aventuras, como pez en el agua te veo….

  2. ¡Gracias Chelo!

    Entre las estaciones y los diferentes paisajes lo cierto es que nuestro país está llenito de joyas. Las carreteritas blancas, por ejemplo, para la bici son también una maravilla…

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