Contigo aprendí…


A Milady, mi bicicleta

Una de las preguntas que con más frecuencia me habéis planteado es qué aprendí durante este tiempo de viaje en solitario por Asia en bicicleta. El interrogante coincide con parte de mis reflexiones durante la ruta por lo que… Allá van algunas de las conclusiones en forma de decálogo:

1. Puedo salir adelante en cualquier situación.

Lo que se plasmó claramente en el mundo físico -siempre encontré mi camino o al menos un camino que seguir y siempre, tarde o temprano encontré la manera de solventar las dificultades que me fueron surgiendo-, resulta fácilmente extrapolable al plano mental.

En este sentido, descubrí, ensayé y afiancé mecanismos de pensamiento que me ayudaron, no sólo a salir de determinadas situaciones, sino a hacerlo incluso de una manera agradable. Supongo que el haber vivido, experimentado, sentido aquello de lo que soy capaz quedará de alguna manera grabado en mi corteza cerebral para poder echar mano de esa sensación cuando la necesite.

A partir de mis conversaciones con otros viajeros -y las mantenidas conmigo misma-, vi de manera cristalina que lo que pensamos y nos decimos influye decisivamente en nuestro estado de ánimo: encontré quien todo le parecía maravilloso, quien disfrutaba de la experiencia del viaje por el mero hecho de pasar por primera vez en su vida tiempo en solitario, o de poder moverse libremente sin destino fijo ni fecha de vuelta; también encontré quien tras ser cobrado de más por un taxista decidió abandonar un país.

Con esto no pretendo afirmar que haya que repetirse como un mantra que todo es estupendo cuando sentimos que no lo es. Ni tampoco que haya que culpabilizarse por no ver siempre el mundo de color de rosa.

Nuestras diferentes biografías y caracteres hacen que tengamos una lectura diferente de los estímulos antes los que nos encontramos: por ejemplo, en mi caso, y a diferencia de lo que les ocurre a otras muchas personas, el destino no me fascinó. Supongo que la falta de intensidad de algunas sensaciones que identifico como agradables -música, una profunda conversación, buenos olores, emociones intensas- en combinación con otras que identifico como desagradables -asco, o hastío a la hora de comer- durante un periodo prolongado de tiempo; unido al hecho de que mis ojos han visto muchos lugares de la tierra y resultan, cada vez, más difíciles de sorprender, contribuyen a que me sintiera aburrida en ocasiones.

En cualquier caso, dentro de esto, y sobre todo en el mes que me quedé vagando por Vietnam a la espera de que llegaran mis amigas, hice el ejercicio consciente de verle algo positivo y/o agradable, o algo valioso que aprender a aquello que iba viviendo o experimentando. O al menos lo intenté.

IMG_6949 (2)

IMG_7034 (2)

2. Pensar está sobrevalorado.

Centrarme en el momento presente se convirtió en mi mayor aliado en aquellos momentos en los que, perdida en zonas remotas, sin un solo extranjero en kilómetros y kilómetros a la redonda, sin poderme hacer entender, sin mapa con el que poder orientarme y sin saber dónde iba a comer y a dormir esa noche, el miedo hacía acto de presencia.

El cielo, el aire, las casas alrededor, la gente, el verde de las palmeras, las ratas espanzurradas en la carretera y los cafés con hamacas a la sombra son exactamente los mismos cuando paso fijándome en los ojos de los niños y centrándome en la pedalada que estoy dando, la brisa en mi cara, y la mano que extiendo para saludar, que cuando voy pensando en todo lo anterior. Lo que varía radicalmente es mi sensación ante la misma escena: con la aparición de los fantasmas la ansiedad gana terreno y surgen todas las dudas, incluyendo la de si sobreviviré a mis propia aventura. Esto último quedó ratificado, día tras día, por la evidencia: siempre encontré un techo sobre mi cabeza -o, al menos, unos policías que me rescataran (aquí)-.

En cualquier caso, quiero aclarar que no hablo de no planificar, sino de no fijar la atención en cuestiones sobre las que no se tiene influencia una vez que ya se pensó lo que se iba a hacer (con mayor detalle aquí).

Por otra parte, algo que quería experimentar en este primer viaje sin planes concretos, compañeros con agendas propias, y sin fecha de vuelta, era dejarme llevar a la deriva en función de las apetencias y/o necesidades del momento.

Esto, sobre todo cuando se viene de un mundo organizado y, ciertamente, acelerado, cuesta. De hecho, creo que la existencia de una limitación temporal máxima de cuatro meses y pico -que no llegué a agotar- influyó en que el experimento no fuera todo lo auténtico que hubiera sido de saber que contaba con toda la vida -o, al menos, con un par de años- por delante.

No obstante, incluso en estas circunstancias creo que logré saborear esta sensación, y mi gran aliada fue, para mi sorpresa, la intuición…

Fue ella la que me hizo sentir en mi estómago y en mi nuca lo imperioso de abandonar un determinado lugar, la que me hizo desviarme por derroteros que me alejaban de mi destino inicial, la que me hizo confiar en mis sensaciones cuando conocí a determinadas personas -procurándome algunos de los momentos más felices- y la que me ayudó a ir decidiendo y cambiando de opinión en momentos más o menos decisivos de mi viaje. O incluso a deshacer momentos de bloqueo: cuando no sabía qué hacer o hacia donde dirigirme me ponía en movimiento y la decisión se tomaba “sola”.

IMG_0003-2

IMG_6127 (2)

En la vida real su voz queda habitualmente empañada por la razón, los “debería” y la rutina… En estos meses aprendí a integrar esa tímida amiga que se nos revela durante apenas unos segundos y a la que en la calma interna y externa del camino resulta más fácil escuchar.

3. El “efecto Camboya”.

Decidí llamar a la conciencia del silenciamiento sistemático de mi voz interna el “efecto Camboya”.

Supongo que recuerdan la sensación de abatimiento, mal humor, sinsentido y tristeza que me acompañó con mayor o menor intensidad durante mi periplo por este país y que eclosionó al llegar a la capital (aquí). Durante esos dos meses viví a pequeña escala por una parte -por el tiempo y las consecuencias de mis decisiones- y a gran escala por otra -por la intensidad- sensaciones que me acompañaron durante los últimos quince años en relación con mi trabajo: el impulso de cada fibra de mi cuerpo de poner distancia frente a la presión social, la real o creada necesidad de dinero para vivir y miedos varios -en definitiva, mi cabeza-, que me acaba llevando en la dirección opuesta.

Muchas veces en Camboya sentí la necesidad -irracional, si quieres- de volatilizarme y aparecer en cualquier otro lugar del mundo. El mismo número de veces transaccioné conmigo misma argumentando que “ya que estoy aquí tengo que conocer este país”, que “qué van a decir X o Y personas”, y “no puedo irme sin haber visto esto o lo otro que pone en la guía/que me recomendaron”… Hasta que en Kampot, habiendo decidido ir a visitar el parque nacional de Bokor y continuar por las montañas de la Pimienta en dirección oeste, al subir a Milady mis pies y mis pedales me llevaron -literalmente- en la dirección opuesta, a la frontera con Vietnam.

Y les hice caso.

No sé qué hubiera pasado de haber seguido el plan inicial. Quizás me hubiera gustado mucho. O no. El caso es que me fui y no pasó nada… Nadie se enfadó, el mundo no explotó… Simplemente dejé de sentir ese peso. Llegué al otro lado de la frontera y comenzó un nuevo capítulo (aquí).

Algo parecido ocurrió cuando, por fin, me atreví a realizar mi sueño de procurarme tiempo para mis proyectos; cuando me atreví a pedir mi semestre libre. Todo lo complicado que parecía, todas las zozobras, reflexiones, miedos y conflictos de quince años de trabajadora por cuenta ajena dentro del sistema universitario, en el día de hoy -que me encuentro escribiendo de frente a los naranjos en mi casa de Valencia acompañada por mis padres, mi tía y mi perra-, son recuerdos del pasado… Tras la alarma y la negativa iniciales, todos -mi familia, mis compañeros, mis estudiantes- asumen con naturalidad esta nueva realidad… De nuevo, el mundo sigue girando.

Y eso aplica a cualquier otra situación en la vida.

Ni la opinión de nadie ni nada son tan importantes como para estar haciendo prolongadamente algo que no queremos, ni nosotros mismos somos tan importantes que el mundo necesite que nos sacrifiquemos de esa manera… El nuevo status quo -el paso de frontera, el semestre libre, abandonar un trabajo, dejar una relación- se acepta por el entorno con la misma celeridad que el paso del agua a estado sólido a líquido o gaseoso mediante la aplicación del calor o frío para preparar un té o un café con hielo, aunque a priori parezca ciencia ficción (aquí).

Espero tener esto bien presente cuando me encuentre en Bogotá dentro de unos meses negociando mis condiciones laborales…

4. El mundo es un lugar lleno de recursos, pero no siempre se tiene acceso a ellos: Uso de complementos alimenticios.

A diferencia de mis viajes hasta el momento, en los que pedaleábamos dos semanas netas, el tema de la dieta ha resultado ser el mayor de los problemas con los que me encontré en una experiencia prolongada. Supongo que a las muchas semanas de viaje y al esfuerzo sobre la bici se une, en mi caso, mi particular metabolismo acelerado. Además de pasar hambre, me sentí débil y deficientemente alimentada la mayor parte del tiempo, hasta el punto de resultar el detonante de un par de ataques de mal humor al final del viaje, y determinante para dar por concluida la aventura.

No creo que necesite pastillas de magnesio, polvos a disolver en el agua… Ni tan siquiera jugo de coco para tener más energía, pero la próxima vez me informaré mejor acerca de lo que puedo esperar encontrar para comer y visitaré unos cuantos foros para ver qué hacen mis colegas ciclistas para tener una dieta lo más completa posible sobre dos ruedas.

En caso de que lo que recomienden suponga cargar con mucho peso escribiré un mail a la NASA para que me cuenten dónde se consigue comida de astronauta en Bogotá.

5. El mundo es un lugar hermoso, pero no todo él: Preparar la ruta.

Este punto puede parecer una obviedad. De hecho estoy segura de que es poca la gente que no lo hace pero, como saben, soy una persona con escaso interés por los asuntos prácticos de la vida, que confía en su suerte y en las bondades y la belleza del mundo, y que antepone la sorpresa a la seguridad, hasta el punto de evitar ver fotografías de los lugares que visito.

Sin embargo, y dado que mi fuerza y mi motivación sobre la bicicleta proviene exclusivamente del entusiasmo de conocer y vivir, a golpe de pedal, algunos de los rincones más hermosos del planeta -quedando al margen otras motivaciones como el afán de superación personal, la competencia con otros, el deseo de recorrer cierto número de kilómetros antes de morirme (ni siquiera el mayor número posible), haber hecho una apuesta o promesa, ni tan siquiera del objetivo de conseguir un cuerpo de escándalo-, tengo que elegir mejor los lugares que quiero recorrer si quiero mantenerlas.

De esto me dí cuenta después de mucha pista en bosque deforestado camboyano y de mucha carretera plagada de camiones vietnamita. La diferencia con los días bonitos es tan enorme que merece la pena el intento de armonizar mi naturaleza aventurera e improvisadora con cierto estudio previo del terreno. Conociéndome tal sondeo será muy somero, pero cualquier cosa será mejor que absolutamente NADA, que es lo que miré antes de salir.

6. El mundo es un lugar agreste, pero no tanto como parece: El equipaje.

IMG_4690

La ligereza, de pensamientos, de cuerpo y de espíritu empieza, al menos para las personas como yo -de fuerza (bastante) limitada-, por unas alforjas que despierten ganas de ponerte en camino en lugar de clavarte en el sitio cuando las levantas.

Ello supone renunciar a ciertos lujos y seguridades, así como a casi todos los “por si acaso”. También constituye la garantía de que lavarás casi a diario, de que en algún momento pensarás con añoranza en tu forro polar calentito, y de que te avergonzarás de las manchas de tu camiseta, sobre todo al interaccionar con personas a tu llegada a la civilización. Evidentemente, algunos viajes permiten más licencias que otros en este sentido. Sin embargo, después de perder la mitad del contenido de mis alforjas en Kirguistán y de irme deshaciendo de objetos y peso por los caminos de Asia constato que puedo viajar -y vivir muy bien- con muchas menos cosas de las que sospechaba.

IMG_3313

7. El mundo no es un lugar seguro pero, desde luego, es mucho más seguro de lo que pensamos.

Las palabras que emplearía para designar las gentes con las que me crucé son: amables y apacibles. Y creo que, con ciertos matices, este calificativo describe a la mayor parte de la población mundial. Ello no obsta para que, como bien saben, viviera escenas de alto contenido surrealista, si bien confieso públicamente que donde más miedo pasé fue en algunos cuartos de baño del camino, particularmente en el Delta del Mekong. El susto no se derivó de las escenas que se estarán imaginando al hilo de las asquerosidades que describí en ocasiones, sino de los mosquitos, hasta el punto de que en varias ocasiones tuve que abortar la maniobra y probar fortuna en otro lugar.

IMG_5509

8. El mundo es un lugar insondado, pero no tanto como parece: Las nuevas tecnologías.

IMG_5380 (2)

En no pocas ocasiones me sentí como un dinosaurio orientándome con un mapa demasiado burdo, los carteles de los autobuses y las indicaciones de la gente en una época en que el cielo se encuentra surcado por satélites que sirven, entre otras cosas, para revelar el lugar del planeta en el que te encuentras y cómo llegar a tu destino. Es decir, que mi aventura fue todavía más grande por el hecho de viajar sin un celular con conexión a la madre de todas las redes: la internet. Todo ello me hace pensar sobre la relación que tengo -y la que quiero tener- con los avances tecnológicos de la humanidad.

Por un lado, aunque me encanta el human touch, acabé agotada de recorrer Asia a base de preguntar.

Por otro lado, y aunque varias veces me vea tentada de -y empujada a- adquirir un teléfono bonito que me facilite el acceso a cualquier información en el momento, así como a los grupos de Whatsapp, valoro demasiado mi libertad de acción, mirada y pensamiento cuando me encuentro en la calle, como para sacrificarla en pos de esa modernidad tan al alcance de la mano y que tanto varía la configuración de nuestra mente y de nuestro entorno. No quiero estar pendiente, ansiosa o expectante con el celular cuando me encuentro en compañía de alguien. No quiero consultar el correo mientras tengo la ocasión de observar a los pasajeros del metro. No quiero rellenar cada segundo de mi tiempo con alguna actividad. Y no quiero abandonar el placer del poder perderme por completo del mundo a veces. Como usuaria de Facebook ya sacrifiqué un reducto de mi vida por esta compulsión que tanto me recuerda a la “Nada” que invadió Fantasía en la Historia Interminable, hasta el punto de reproducir las mismas conductas adictivas que experimento con el chocolate con porras, los pepitos de crema y chocolate y el tiramisú.

Por eso en mi próximo viaje contemplo la posibilidad de llevar un gps como apoyo. O una persona que le guste manejar esta clase de tecnología. O una persona con la que podamos turnarnos para preguntar. O una persona que asuma otros de los deberes de los viajeros de modo que yo pueda centrarme en preguntar…

Como ven soy extraordinariamente flexible en este aspecto.

9. El perro es el mejor amigo y antidepresivo.

Y ni siquera hay que pagar por él, basta con jugar o incluso recoger uno de los miles que pululan en condiciones lamentables por la calle.

Mi amigo Dani, que a veces tengo la impresión que me conoce mejor que yo misma, me recomendó que jugara con los perritos. Y funcionó. Cuando me encontraba triste o desanimada bastaba con dejarme contagiar por el calor y la alegría de vivir de nuestros compañeros peludos. El efecto era inmediato. Algunos de ellos viajaron en mi recuerdo y me procuraron calorcito durante semanas. Igual que vuestras palabras de ánimo y vuestros comentarios. Y todavía hoy los recuerdo. Igual que recuerdo y me sonrío al revivir mentalmente todos y cada uno de vuestros comentarios.

IMG_3551 IMG_3424

IMG_6021

Linda tiene una doble camboyana...

Linda tiene una doble camboyana…

IMG_2678 IMG_7593

9. Que pueda no significa que quiera hacerlo.

Igual que escribir mi tesis doctoral me hizo consciente de que era capaz de cualquier cosa en ese ámbito y, sin embargo, no se me pasa por la cabeza hacer otra; con el viaje en solitario llegué a la conclusión de que, si bien no descarto en absoluto repetirlo, en la próxima ocasión me apetece compartir estas vivencias e impresiones no sólo en diferido, a través de la escritura, sino también en tiempo real, al menos en una gran parte… Una parte mucho mayor de lo que acabó resultando en estos tres meses y medio.

IMG_1694

IMG_7526

Soy consciente de que compartir un proyecto así más allá de unas semanas de vacaciones requiere de otras competencias -paciencia, empatía, generosidad, y otras muchas que hoy ni acierto a entrever- en las que soy una auténtica amateur por el momento, igual que lo era viajando en solitario hasta hace apenas unos meses…

En cualquier caso, aunque seguramente no sea un camino de rosas a veces, igual que esta aventura en solitario, me quedo con la oportunidad que estos viajes nos dan para poner en práctica de manera condensada y particularmente intensa aprendizajes que podemos aplicar a nuestra vida.

Aunque sin la cadencia del pedaleo y la brisa en la cara resulte más difícil…

 

Anuncios

12 pensamientos en “Contigo aprendí…

  1. Interesantes reflexiones. A mi me parece muy valiente tu actitud semi-despreocupada ante este tipo de desafíos, no sé si ya eras así, lo has desarrollado con los años o directamente te ha salido de dentro en esta ocasión.

    Supongo que uno se enfrenta de manera diferente a la perspectiva de tener tiempo de sobra que a unas vacaciones de quince días o un mes. Como al resto de viajes, supongo que habrá que distinguir entre cicloturistas y ya a los que habéis subido el escalón, cicloviajeros, ya que el título normal no es aplicable.

    Yo soy cicloturista de verano y de cuando las circunstancias me lo permiten (lo más patético del gremio, vaya) y no soy concienzudo ni obsesivo, pero sí que preparo, investigo y leo a dónde voy, aunque sea de una manera básica. Quizás porque no tienes mucho tiempo pretendes no ‘desperdiciar’ más de lo necesario, seguramente con meses por delante me relajaría. Si que llevo contemplado lo más posible el capítulo roturas, que en sitios como Vietnam probablemente iría más preocupado (Y más después de leerte… 😛 )

    Yo no era partidario de las nuevas tecnologías encima de una bicicleta, puede que porque vivo inundado en ella por trabajo y necesito descansar, pero si que he comprobado algo que igual podías investigar por si te conviene.

    Como además de viajera escribes, te obligas a llevar el portátil, con lo que puede que no sea un móvil con gps e internet lo que te interese llevar además, o no del todo. El móvil tiene varios inconvenientes: debes comprar sí o sí una tarjeta prepago en el país de destino para tener acceso a datos porque sí no, ni google maps te funcionaría ya que necesita datos para cargar el mapa; tienes el factor ‘estoy permanentemente conectada’ con lo que estás expuesta a eso, a no poder desconectar de tu mundo… (es que a mi personalmente Whatsapp me parece una pesadilla, el horror absoluto) En sitios como los que has visitado puedes quedarte sin conexión justo donde lo necesitas, además de que cuando se usa para todo se traga la batería en horas, con lo que al menos una recarga diaria es obligada.

    Yo descubrí las bondades de llevar encima un iPad Mini con conexión 4G. El inventazo, sirve literalmente para todo. Si compras una app tipo Sygic o TomTom (u otras, hay varias) llevas mapas con gps sin necesidad de llevar conectados los datos con lo que no te deja tirado nunca, además de ahorrar batería porque la antena 4G es de lo que más consume. Ya sabes, le dices “ir a…” y dejas que la amable señorita o el amable mozo voz-en-off te vaya contando el camino.

    Además te puedes dejar el portátil y el o los libros en casa porque puedes escribir -con algo de menos comodidad obviamente- y subir cuando tengas wifi (o igualmente comprar una prepago), solo que llevas más de kilo y medio menos de peso, ocupa lo que una libreta como sabes, hay una app para todo; además del consabido internet y skype puedes llevar lectura toda la que quieras, editar los vídeos, las fotos, tienes diccionarios, utilidades mil… o jugar al ajedrez o dibujar, vaya. Todo en 341 gramos y tamaño menor a un A4. Yo lo llevo en la bolsa del manillar. Se puede poner en el plástico del mapa si interesa. En un rato que tengas ve a un Fnac y dale la brasa a algún vendedor.

    Claro que también puedes hacer todo esto con un móvil, pero ya llevarías el portátil, ya son dos trastos caros, más peso, más preocupación. Un móvil básico tipo Nokia-de-toda-la-vida (como se usa solo para llamadas, siempre tiene carga) y un tablet es una solución tecnológica sencilla y elegante. Esa ha sido mi elección, de momento.

    También puedes ir como hasta ahora y acoplarle a la bici un gps de los pequeños y baratos, tipo Garmin eTrex 30. Así te dedicas al factor humano y sólo lo sacas cuando sea estrictamente necesario.

    O quizás lo mejor efectivamente, es viajar con alguien que se haga cargo del asunto. Y te ahorras todo lo demás, qué hostias.

  2. Ms. BATTUTA!!!!!! Cada día escribís mejor!!!! Se ve que el conocer te inspira para la escritura y es un placer leer los comentarios de tus experiencias. Un espectáculo lo tuyo!!!! Adelante!!!!!!

  3. Que mejor fruto puede ofrecer un viaje que el aprendizaje???? Algunas de las cosas que mencionas yo las aprendí tb viajando, como que en realidad necesitamos cargar muy poquitas cosas parra ser absolutamente felices. Otras, como buen friki que soy, me hacen llevar las manos a la cabeza: ¡Asia sin GPS!!!!!

    Estos meses han pasado volando, y ha sido una maravilla poder seguirte con este excelente blog. Yo acabo de llegar a Bogotá, y estoy disfrutando de un sol insólito en mayo (niño al canto), pensando en nuevas caminatas, e inspirado a inscribir –y no solo en mi blog–por tus estupendas crónicas y reflexiones.

    Tan solo añadir una de mi propia cosecha. La medida de la duración de los viajes no son los días, meses, ni los años: es la intensidad de los mismos, las ganas de aprender. Lo que se mide en meses y años es nuestra propia vida…..

    abrazos y esperando verte por aquí pronto!!!!!!!!

  4. Para mi la bici (sobre todo después de un viaje de largo recorrido) es una gran maestra: te enseña sobre el silencio (el propio), sobre la constancia, el ritmo, la relación movimiento-equilibrio, la relación meta-velocidad, y tantas otras cosillas que se van dilusidando por las aristas.

    Por todo eso leer el título de esta entrada me sacó inmediatamente una sonrisa.

    Cuando uno se embarca en este tipo de aventuras una de las primeras preguntas que te hace la gente es: ¿Por qué? (además de ¿no le da miedo?) a la que yo solía responder “¿Por que no?”, un hábito es encontrar el camino mas corto para ir del punto A al punto B, y eso se labra en las conexiones de nuestras neuronas en el cerebro, así pues, cuando nos salimos de nuestra zona de confort, lo que nos hacemos es un gran favor, literalmente, labramos en nuestro cerebro alternativas para enfrentar las situaciones del día a día, ahora tenemos mas de una opción para ir de A a B y en un momento de estres nos podemos acomodar mejor a la situación. Toda esta lista de aprendizajes son una gran muestra de eso, que bueno que te hayas dado la oportunidad de vivirlo 😉

    Gracias por recordarnos que: ir liviano (físicame y mentalmente), vivir en el ahora, saber que el mundo tiene mas gente buena que mala son las primeras cosas que tenemos que echarnos en la maleta, no solo cuando sales de viaje sino en el día a día. 😉

    Ahh otra cosita, yo me doy bien con los GPSs. 😀

  5. Sumercé es todo un poeta Jorge. Muchas gracias por tus palabras, que me ponen roja a la vez que me emocionan.

    Y ¿cuáles son esos planes literarios inspirados por el surrealismo mágico y las andanzas de ms. Battuta?

    ¡¡¡Abrazos!!! 🙂

  6. ¡Hola Cucho! 🙂

    lo primero: muchas gracias por la asesoría tecnológica. Como sabes mi conocimiento de ese mundo es limitadísimo. Antes del viaje pregunté a todo el mundo -¿Qué carajo me compro?- ya que quería llevar los menos aparatejos posibles y a la vez quería escribir, y el peso (poco peso) era fundamental. Finalmente me compré el computador más ligero del mercado (1.200 grs. incluyendo cargador y cables) y estoy encantada por esa parte. Aunque no conozco los bondades de una tablet, claro. De hecho estrictamente no sé ni siquiera qué es lo que hacen las tablets y en qué se diferencian de un ordenador. Por lo demás sigo con mi nokia de toda la vida que, sin embargo, nunca tiene línea fuera de los confines de la piel de toro, incluso con tarjeta local, así que lo llevo básicamente de despertador… Y sí, la idea del gps ese básico del que me hablas se abre paso poderosamente en mi mente (me encanta eso de preguntar, en el fondo solo quiero la máquina para situaciones límite…). Y la de llevar a alguien que se haga cargo del asunto también 😛

    En cuanto al “way of traveling”… Creo que es una cuestión de carácter. Para, a veces, desesperación de mi entorno cercano -y otras risa-, ese es mi estilo para todo lo que huele a práctico en la vida, lo que se refleja, evidentemente, de manera descarnada en los viajes. Y sí, a medida que voy moviéndome y veo que sale “bien” sin necesidad de grandes preparaciones pues, efectivamente, “peor” en ese sentido 😀

    Próximamente otra prueba irrefutable de ello 😉

    ¡Un abrazo! 😀

  7. ¿Quieres decir que ahora tendría más “caminos” para resolver las situaciones cotidianas?

    Yo me “siento” algo diferente, como más liviana en relación con según qué aspectos, pero no sabría traducir esa sensación en esa competencia en particular, así que gracias por enfocarme hacia ella :D.

    Listo, lo tendré en cuenta para próximas aventuras 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s