Descubrimientos…


El hecho de no llevar gps ni manera de orientarme, en las distancias cortas, más que las consabidas preguntas a personas que, por regla general, no entienden ni una palabra, empieza a resultarme agotador. La perspectiva de aprender a utilizar un gps a modo de apoyo a mi sistema de navegación oral despunta como una alternativa posible a sondear a mi regreso.

En realidad, la idea no es tan nueva: el hecho de que el cicloturismo -que no el ciclismo- no se encuentre tan extendido en Colombia hace que, ante la ausencia de libros con rutas, dependa de otras personas para hacer lo que más me gusta los fines de semana. Y dado que los ciclistas que conozco tienen una concepción entre opuesta, y radicalmente opuesta a la mía sobre esta actividad, me siento en un conflicto constante:

Si voy sé que iré todo el tiempo sola la última sintiéndome presionada al saber que, si hay algún cruce, alguien se quedará esperándome y no podrá seguir su ritmo (o no…).También sé que llegaré cuando hayan acabado de almorzar, y que por regla general nos iremos a casa cuando empiece lo más bonito para mí, es decir, el atardecer.

Y si no voy pues tengo por delante un deprimente fin de semana lluvioso en Bogotá.

El conflicto se resolvió la primera parte del año a favor de ir, dado que, mientras estuve más visible, me seguían invitando. Ello fue siempre para mí motivo de gran asombro dado que siempre fui, con mucho, el eslabón más débil de aquella cadena. Creo que incluso podría hablarse de “eslabón perdido” tanto en sentido figurado como literal: en la primera salida me esperaron una hora y, como todavía no aparecía, una de las mujeres del grupo -interesante detalle éste- fue la que me vino a buscar. Evidentemente, aunque yo estaba bien y simplemente iba a mi ritmo, le tengo especial cariño por ese gesto.

En cada salida maldecía, al menos, en una ocasión, el estar allí. Y en cada salida daba las gracias al cielo, al menos en una ocasión, por estar allí: siempre hubo un momento mágico, en la ruta, con el grupo, frente a un paisaje o con motivo de alguna conversación.

Después Linda y su recuperación, y el estrés que sufría intentando seguir un planteamiento que no es el mío, poco a poco fueron comiéndole terreno al disfrute en esas salidas. Ello, unido a la separación física del grupo -dado que pasé una temporada en España-, es el principal motivo de que Blanche -mi bici americana- lleve cerrada en un depósito muchos meses ya desde antes de mi partida.

Pues bien, un gps me daría cierta independencia a la hora de moverme en Colombia. E incluso podría invitar a mis amigos ciclistas y no ciclistas a acompañarme y crear algo así como un grupo alternativo sin aspiraciones deportivas donde seguramente seguiría siendo la última, pero no con tanta diferencia. Y, desde luego, con menos presión. La condición de ingreso sería una sola: haber leído en libro del Nadolny: “El descubrimiento de la lentitud”.

El enfado hacia mí misma desaparece cuando caigo en cuenta de que, aunque hubiera visto la ubicación en un mapa, seguramente no hubiera sabido llegar hasta allí, para empezar porque desconozco el nombre del lugar donde me encuentro. Y no hay nada en mí que me mueva a averiguarlo.

Esto me poner sobre la pista de otro descubrimiento que le debo al viaje: en sus comienzos Ms. Battuta tenía aspiraciones de configurarse como un blog de viajes clásico, de aquellos que los viajeros pudieran utilizar para preparar su ruta. A medida que fui publicando entradas fui constatando que, para mi propia sorpresa, mi máximo aporte para los que quisieran seguir mis pasos era incluir el nombre de las poblaciones: en escasas ocasiones hago referencia a distancias (el cuentakilómetros lo puso Twon a funcionar una vez que habíamos cruzado media Camboya); tampoco incluyo recomendaciones de restaurantes; ni localización de estaciones, ni datos que ayuden a hacer presupuesto. Las referencias a aspectos históricos, culturales y/o artísticos también se encuentran ausentes. Con el paso de los días me hice plenamente consciente de que ni en las rutas que planeo, ni en la forma que tengo de hacerlo, constituyen, precisamente, un ejemplo a seguir. Con todo ello reconfirmé de manera cruda que mi interés por los asuntos prácticos es inexistente.

Siguiendo las indicaciones que unos policías y otro interrogado me apuntan en la libreta llego a las 2 de la tarde a la estación de Danang. 

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Tras recolectar una negativa para viajar en tren con Milady, pese a que vinimos por este medio desde Phang Rang, probamos suerte en la estación de autobús, que se dice Ben xe trung tam… ¿Ven por qué prefiero viajar en tren?

Cualquiera pensaría que trabajar, por ejemplo, en un autobús, trayendo y llevando gente siempre por la misma ruta, podría resultar un trabajo monótono. Cuando el máximo estímulo es un adelantamiento triple; que alguien te pida que lo deposites en un punto diferente al habitual; y que, de cuando en cuando, se suba algún personaje particular -como una chica viajando con su bicicleta- alguien podría verse tentado a pensar que se moriría del aburrimiento.

En este punto los buseteros tienen, sin embargo, mucho que enseñarnos.

Comenzemos, por ejemplo, por esto último: ¿porqué no aprovechar esta rara experiencia para convertir el paso de esa persona por nuestra buseta en un acontecimiento inolvidable y, de paso, obtener un ingreso extra?

Ponderar la capacidad argumentativa y negociadora de alguien venido de otras tierras en un primer golpe de vista supone un reto apasionante: es esa intuición inicial la que lleva al busetero a nombrar un precio… Si el busetero se excede con toda probabilidad perderá el cliente o, al menos, su credibilidad; si no afina perderá una parte inestimable de la ganancia. Se sigue, por tanto, la misma lógica que en los juegos de azar, con el añadido de que, en este caso, el resultado no sólo depende de la suerte o de la intuición con los números, sino de la empatía y la capacidad de conocimiento humano.

Esto los convierte en grandes sociólogos a la par que estrategas.

Más allá de ello, estos insignes trabajadores cuentan con amplios recursos desarrollados a lo largo de los años en paralelo con colegas a nivel mundial -los buseteros no precisan de congresos internacionales para transmitir su saber ancestral- que contribuyen a alejar el hastío de sus vidas y a mantener la concentración requerida cuando se pasan horas al volante.

¿Por qué creen si no que, en lugar de circular por el carril de la derecha deteniéndose frente a los clientes interesados en acceder al servicio lo hacen dando bandazos, frenazos, gritos por la ventanilla? ¿Cuál es el sentido que tendría si no hacer subir a los pasajeros en marcha exponiéndose a que se rompan un tobillo, y cerrar la portezuela cuando todavía tienen medio cuerpo fuera?

El busetero es alguien que tiene constantemente presente lo efímero de la vida, por eso aprovecha cada segundo que pasa en ella. Ello es así hasta el punto de que, cuando cuatro horas más tarde pido parar para ir al baño, el señor se niega. 

Bueno, pienso. Si la cosa se pone complicada el que tiene el problema más grave es él…

Este profesional es, a su vez, un exaltador de los sentidos: la visión de objetos lejanos que se convierten en cercanos a velocidad vertiginosa; el olor a humanidad (o a tabaco, o alcohol, o a ropa mojada) que desprenden los pasajeros hacinados en su interior; la música a todo volumen, los pitidos ininterrumpidos, los gritos por la ventanilla; y el rugoso tacto del asiento, el viento -frío o caliente- que indefectiblemente entra por la ventanilla y el contacto estrecho con el muslo y la espalda del vecin@ de silla, son sus herramientas y sus compañeros de trabajo habituales.

El busetero es, por lo demás, alguien que sabe imprimir como nadie emoción, dinamismo y movimiento a sus días, hasta el punto de que dudo de que, una vez concluida su jornada, sea capaz de caminar en línea recta por el pasillo de su casa.

Y para evitar la tendencia del resto de los mortales de olvidar que hoy estamos aquí pero quien sabe mañana, circulan constantemente sobre la línea divisoria entre ambos mundos -simbolizada por la raya blanca que separa ambos sentidos de circulación-.

Si cualquier de nosotros, en su desempeño diario, fura capaz de vivir el presente con la intensidad de un busetero, con seguridad nuestra vida y nuestra profesión brillaría con mayor intensidad.

 

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2 pensamientos en “Descubrimientos…

  1. No se tú, pero creo que podrías escribir la guía: ‘Al filo de la vida, anotaciones y experiencias de un viajante de largo recorrido en autobus’; que creo que sería muy útil. Vamos, yo la compraría, 🙂

    Por otra parte voy a empezar a buscar el libro, hay que estar preparado para cuando montes tu club de ciclismo 😀

  2. 😀 Bueno, tú a estas alturas eres conocido por leer de todo: Tolkien, Ende, ciencia ficción, Cortázar, Ms. Battuta… 😉

    Eso sí, haz el favor, con algo que leí por ahí de 90 kms./día no cumples ni de lejos con los requisitos de admisión 😛

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