Femenina y singular


Cada pocos kilómetros un cartel y un desvío a la izquierda me indican por dónde dirigirme a Tra Vinh, la población más grande de ese pedazo de tierra entre dos de los nueve brazos de Mekong, a la que pensaba llegar varios días más tarde.

En uno de ellos, de manera improvisada, dado que mi idea era llegar a la ciudad, me desvío por una estrecha carretera en la que, contra todo pronóstico, dado que el paisaje del delta suele ser más bien monótono al lado de las vías principales, me encuentro con esto:

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Después de varias horas de marcha solamente interrumpida para preguntar por el camino y tomar fotos, me detengo a descansar. Como de costumbre un grupo de mujeres curiosas se reúne en torno a mí y entablamos “conversación”.

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Una de las abuelas se muestra particularmente insistente en mostrarme su rechazo hacia mi viaje con Milady. De manera un tanto agresiva señala a cada una de las integrantes de la ronda. Al parecer me está diciendo que soy muy diferente a ellas, hasta el punto de afirmar que, en realidad, soy un hombre. Justo en el momento en que caigo en cuenta una de ellas me agarra con fuerza por el sostén para corroborar mi verdadera identidad.

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5 pensamientos en “Femenina y singular

  1. Una compatriota tuya, de la cuál no recuerdo el nombre, decía en su libro “Mujeres viajeras” que mas allá de todas las desventajas aparentes a la hora de viajar sola, ser mujer tenía otras ventajas…

    Una de esas son la facilidad con la que se dan ciertos encuentros, por ejemplos estos tuyos con las mujeres de aquí y de allá, un viajante masculino en la misma situación se le dificultaría un poquitín esos intercambios…

    Sigue disfrutando de tus ventajas, jejeje 😀

  2. ¿Sabes? Creo que uno de los aprendizajes del viaje es ver, día a día, los lugares a los que me lleva mi intuición… Y aprender a fiarme más de ella en lo cotidiano 🙂

    ¡Gracias por tus palabras! 😀

  3. En un momento de conciencia sobre las ventajas -y de que muchísimas mujeres (y hombres) no tienen conciencia sobre ellas- escribí como 8 páginas de corrido en una noche que luego salieron aquí en forma de trilogía (Sola en el mundo I, II y III).

    Esa mezcla de visibilidad para unas cosas e invisibilidad para otras me parece fascinante.

    Sin embargo ¿sabes lo que me llama poderosamente la atención?

    Las mismas mujeres que me llaman, precisamente por estar sola, son las que me advierten que no debo viajar así. Parece que ellas mismas no confíen en su propio pueblo, en su propia gente, sin darse cuenta de que ellas son parte de ese pueblo y que es precisamente esa condición de “sola” las que las hace comportarse de manera especial conmigo… Es un poco rocambolesco…

  4. … en el caso particular de las señoras que te llaman en la calle, creo que las advertencias se deben mas que a la desconfianza por su pueblo al instinto protector maternal… una vez desayunando en la plaza de un pueblo, la señora que me atendía al enterarse que estaba viajando sólo me bombardeo con recomendaciones, que no se meta por acá, que no hable con aquellos, yo la escuchaba y me daba mucha ternura…

    Si, esa dualidad es fascinante sin lugar a duda 😀

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