Check-out Camboya, check-in Vietnam


A Nathalie Béguin: mon petit lapin, ya sé que nunca te pondrías un vestido, pero no  encontré ninguna con “tatuaje”

Nathalie es la primera llanera solitaria que veo en este tiempo, con su mochila. 

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A nuestro desembarco en la isla del Conejo damos, junto con una pareja de españoles, un paseo por una senda que la circunda que debería durar dos horas y que nosotros solventamos en una hora escasa.

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De regreso al punto de origen he tomado una decisión: en lugar de los tres días previstos pienso en salir a la mañana siguiente.

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Cuando todo el mundo abandona la isla en los barquitos que nos trajeron, Nathalie y yo iniciamos conversación. Mi nueva amiga se encuentra recorriendo Asia con un presupuesto limitadísimo. Su marido falleció hace un año. Pese a que su madre considera que está traicionando el recuerdo de su esposo y parece que preferiría que siguiera sentada, mirando al vacío, en el sofá, antes que verla rehacer su vida -y más con una mujer-, está convencida de que su marido -que, por lo que cuenta, debía ser una persona excepcional- estaría orgulloso de ella.

Su historia me hace recordar esta bella y chispeante canción de generosidad.

La isla del conejo fue una gran decepción, una vez más, a efectos naturísticos, pero conocimos una amiga para siempre.

De regreso al embarcadero, en lugar de irme a Vietnam, como tenía pensado, deshago el camino hasta Kep para pasar otro día juntas paseando, en bici, y visitando unas cuevas por la zona (ella toma prestada una del hotel -Tree Top Bungalows-, a little piece of paradise, como dice su publicidad, con toda la razón).

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Otros franceses que conocemos con los que compartimos un par de atardeceres y una cena. Para todos ellos esta es su dinámica habitual, yo me siento como si acabara de regresar a la tierra tras un viaje a la luna

Una pareja de franceses con los que compartimos un par de atardeceres y mi última cena en Camboya. Para los tres estos encuentros son su dinámica habitual, yo me siento como si acabara de regresar de un viaje a la luna.

Al día siguiente ambas decidimos alargar nuestra estancia un día más para recorrer el parque nacional de Kep. Visitamos cada uno de sus recodos y nos perdemos varias veces pasando no una, ni dos, ni tres, sino hasta cuatro veces por el mismo lugar hasta que logramos encontrar el sendero de bajada.

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Vuelvo, tras muchas semanas, a reírme a carcajadas.

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A la mañana siguiente es ella quien cambia sus planes para acompañarme hasta la frontera.

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Pedaleando a su lado me embarga una leve sensación de miedo -y cierta pereza- hacia lo desconocido: lo camboyano ya se me había hecho familiar ¡Incluso soy capaz de contar hasta 100 en el lenguaje nacional!

Y, en esas, llegamos a la frontera:

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Parece ser que se proyecta hacer una reproducción de las Vegas en tan insólito lugar.

¡¡¡Lo logramos!!!

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mapa camboya

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19 pensamientos en “Check-out Camboya, check-in Vietnam

  1. Este post es de mis favoritos!
    Es una fortuna encontrar gente tan agradable e interesante como tu amiga.

    Have fun en Vietnam!

  2. El encuentro de dos llaneras solitarias al otro lado del planeta. Si estuviésemos en siglo XIX, en el norte de América, digamos que tirando hacia la costa oeste, en vez de en orbea iríais a caballo y deberíais lucir en la cintura un par de colts del 45. Es ésta una prueba de que la civilización humana avanza en el buen sentido?

  3. 😀
    Creo que lo verdaderamente revelador de los avances de la humanidad es que en lugar de andar disparando tiros a indios con las Colts del 45, vamos disparando fotos a monjes budistas con nuestras Canon.

    ¡Un abrazo Hanns!

  4. Es mágico que la vida te traiga momentos así… En realidad los amigos que aparecen a lo largo de nuestro camino son eso, auténticos regalos; los mejores regalos que puede haber 🙂

  5. Y no solo eso, Diego… 🙂

    Iba muy justa de plata para llegar a Vietnam (en Kep no había cajero automático) -de modo que pensaba dormir en mi hamaca y comer plátanos hasta que fuera necesario-. Mientras me encontraba en el agua pensativa, el mar puso en mis manos un objeto flotante de esos que se cuelgan los turistas al cuello para bañarse llevando el dinero encima.

    Me di tres paseos playa arriba, playa abajo con el artefacto a la vista entablando contacto visual con todo el mundo para que su dueño pudiera verlo, sin exito.

    Cuando los barcos fueron saliendo volví a pasearme por allí, preguntando a las familias -me ponía nerviosa la idea de que alguien quedara en una situación complicada habiendo perdido su dinero, si bien todo el mundo se veía de lo más relajado-, para quedar finalmente en la playa solitaria con el objeto en la mano.

    Entonces es que se me ocurrió la idea del sponsor -igualito que Haymitich en “Los juegos del hambre”-: agradecí al mar haber traído ese objeto a mis manos, y al donante por permitirme llegar tranquila hasta el siguiente pueblo con cajero… Y también por la mejor cena que nos dimos Nathalie y yo desde que salimos de Francia y España respectivamente…

    Habrá, por tanto, que tener más presente a Benedetti 😉

  6. Si, una amiga me pidió mapas y… Conseguí hacer esto, que se ve naif y todo -este es el tercer intento, al principio me temblaba el pulso y las líneas se veían casi en zig zag-, ¡pero me encanta! 😀

  7. Mi amor !!!!! Tengo carne de gallina y lagrimitas en los ojos al leer cada palabra de esta entrada !!! me parece precioso el homenaje hacia mi personita, es increíble,ya sabes que soy hyper sensible, de verdad me has echo llorar una vez más de alegría pero sobre todo de emoción !!! me gusta tanto como escribes… gracias gracias gracias !!! Cuidate mucho y bonne route !!! miss !!!

  8. ¿¿¿Personita???

    ¡Personaza!… Y personaje 😉

    Gracias a ti, mamasita. Nos vemos pronto, por Tailandia, Francia o España 😀 ¡Bonne route à toi aussi!

  9. La amistad y otras muchas cosas aparecen en los momentos más inesperados, por eso hay que ir como tú vas con los ojos bien abiertos, para no perder nada del camino.
    Ahora a conquistar Vietnam, sus gentes y su historia!! Un abrazo fuerte

  10. … yo por mi parte no me olvido de ese haiku, por que el Mar también a mi me ha salvado un par de veces, haciéndome vivir unos de los pocos ‘milagros’ que he experimentado en la vida, pero eso habrá de ser contado en otra ocasión.

    Ya lo sabes, si en algún momento te vuelve agobiar el cansancio o te asalta alguna duda, el Mar es la respuesta. 😉

  11. A mi también, es el primero que veo de ese estilo en estas épocas de tantos bits y bites.

    ¿Si te paso unos archivos GPX (de esos que generan los GPS) me haces unos mapitas iguales?

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