Tocando fondo en el lago Yaek Lom


No me encuentro bien. Llevo varios días poniendo al día las notas para el libro que se me está pasando por la cabeza escribir con base en esta aventura y visitando los puntos turísticos de la región. Pese a ello me siento triste, apática y anquilosada. Además, mi pérdida de peso, motivado por la dieta poco variada y abundante que llevamos, es ostensible.

Aquí sin ir más lejos tenía fiebre.

Aquí sin ir más lejos tenía fiebre.

Incluso me planteo pasar por el hospital para que me echen un vistazo, aprovechando que nos encontramos en una capital de provincia.

Twon contactó estos amigos por internet con los que pasamos un par de horas de cascada en cascada.

Twon contactó estos amigos por internet con los que pasamos un par de horas en moto de cascada en cascada.

Además, confieso que, pese a mis propósitos de centrarme en el presente, estos días con el ordenador estuve más pendientes de asuntos de casa que de lo que estoy viviendo.

En estos días visitamos un bonito lago volcánico llamado Yaek Lom -igualito que el lugar en el que viví un año en Berlín (Alemania), una de las épocas más felices de mi vida-, y varias cascadas (Katieng y Kachang), pero no disfruto especialmente de ello. En el lago, justo cuando comenzamos a alejarnos un poco del tumulto y empiezo a emocionarme, Twon se asusta con una abejitas que nos rodean y se quedan mirándonos de frente volando a la altura de nuestros ojos, con lo que acabamos dándonos la vuelta y salimos corriendo de allí. Por lo demás, aunque las cascadas ubicadas en el medio del paisaje seco de siempre, en sí son hermosas, no dejan de ser una isla, un breve remanso, en la sequedad, suciedad y calor de siempre.

Lago II

Eso sí, la que se precia de ir ligera de equipaje cambia su forro polar por un vestido rosa de lana. Ciertamente, la naturaleza de la mujer es insondable...

Eso sí, la que se precia de ir ligera de equipaje cambia su forro polar por un vestido rosa de lana. Ciertamente, la naturaleza de la mujer -o, al menos, la mía- es, sobre todo en momentos de crisis, insondable…

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Con objeto de salir del ostracismo consultamos un par de agencias que me piden casi 200 dólares por tres días de excursión. No me convence, en realidad, la idea, y me pongo en la tarea de convencer a Twon, que desde luego, tiene sus reservas al respecto, que hagamos la excursión por nuestros propios medios.

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6 pensamientos en “Tocando fondo en el lago Yaek Lom

  1. Amiga mía
    El viaje consiste en disfrutarlo, no en sufrirlo….no tienes una capital cercana o ciudad grande secundaria donde quedaros y comer rico y coger fuerzas???
    Besooooooooooooooosssssssssss

  2. Hola Yamiluski,

    Aquí uno de tus amigos cicloturistas españoles (qué nos hayas relegado a tal colectivo en aras de la simplificación lingüística…). Decirte, para que te animes, que eres la primera bloggera que consigue que me enganche al visionado diario de tus aventuras. Teniendo en cuenta que vengo de la misma escuela pretecnológica que tú, con poco o nada interés por los blogs (y por internet en general) y que ésto no me pasaba desde que pusieron ‘la Dama de Rosa’ en la tele, es todo un logro por tu parte…
    Llevo tiempo queriendo escribirte pero, de nuevo fruto de la escuela pretecnológica, no había conseguido encontrar el lugar apropiado para hacerlo (la casilla de ‘deja un comentario’ por alguna misteriosa razón no me aparece cuando te leo en el móvil). Me encantan tus aventuras y me declaro Yamiladicto. Cada día acudo por la noche en la soledad de mi alcoba (últimamente no tan sola) a comprobar si te has hecho monja budista o campesina arrocera, si te ha atacado un perro o te lo has comido, o si, por fin, ha surgido el amor entre Twon y tú, el sereno oriente y el impulsivo occidente, al más puro estilo ‘el Rey y Yo’.
    Para que te animes también, decirte que, no es que el mundo sea de los valientes (hay sitio para todos), sino que éstos se atreven a ver más cosas y a vivirlas más intensamente. Pero creo que en el contrato de valiente también se incluyen algunas clausulas que incluyen ataques de insectos y parásitos varios, incertidumbres y desvaríos múltiples, malnutrición con periodos de delgadez extrema, y así una gran lista. Sin embargo, es ligero ‘peaje’ para tan largo viaje y el truco consiste en no desviar la atención demasiado a lo de dentro. Se pasa…
    Por si te sirve de algo, te cuento una anécdota de cuando fui yo también Mr Battuta allá por el 2007: Vivía yo feliz en mi playa del Pacífico mexicano, extrañado por lo abrigados que iban todos los locales a pesar del sol radiante y los 30 grados de temperatura constante, cuando una foránea se me acercó después de la cena y, al verme lleno de picaduras de mosquitos, me dijo: “pero, ¿no estás usando repelente antimosquitos?”y yo le contesté que sí, pero que no parecía que me hiciera mucho efecto, a lo que ella apeló “¿acaso no te has dado cuenta de que todos aquí tenemos el dengue?”… …!! Mira, creo que me entró fiebre en ese mismo momento. Sentí doblarse mis piernas y una nausea feroz y me sentí la persona más desdichada del mundo. Lo que venía después ya lo sabía: un mes en cama con 40 de fiebre, quién me iba a cuidar, a alimentar, a consolar… pasé toda la noche intentando encontrar sin éxito cobertura en aquel recóndito lugar para pedirle a mi seguro médico que me expatriara inmediatamente a la seguridad de mi querido hogar, ese hogar que de pronto me pareció el más hermoso y cálido del mundo… Así pasé la peor noche de mi viaje, maldiciendo mi suerte mientras la fiebre y subía sin parar. Estúpido e ingenuo inconformista! Quién me mandaría a mi meterme en semejante aventura, con lo tranquila y agradable que era mi vida en Madrid. Qué me habría creído yo, Indiana Jones de tres al cuarto… Y de repente, como un mensaje secreto, comenzó a salir el sol en uno de los amaneceres más radiantes y hermosos que había visto en mi vida, me dejé embargar por toda esa belleza, me dejé llevar por ella y sorprendentemente me tranquilicé. Como por arte de magia, la fiebre, la nausea, y los temblores desaparecieron y me di cuenta de que todo estaba bien, de que había un sentido detrás de todo eso y de que lo que no me matara me haría más fuerte, como dice el dicho. Para entonces ya estaba bien, pero aquella mañana me subí a una camioneta para ir al médico del pueblo más cercano que me confirmó que estaba como una rosa, y que había tenido seguramente el episodio de dengue histérico más veloz de la historia. Saliendo de allí decidí que, a partir de entonces, lo peor del viaje había pasado y supe que sería capaz de extraer los aprendizajes que había ido a buscar, independientemente de cómo vinieran, envueltos de buenos y malos momentos. También compré un repelente antimosquitos mejor, que es bueno confiar en el universo, pero alguna precaución extra no viene nunca mal…
    Te mando un beso muy fuerte y ánimo. Soy fan tuyo total
    Oskiposki

  3. Claro, ahí justamente nos encontramos (bueno, nos encontrábamos): capital de provincia ni más ni menos, el tema es el que comfort es muy relativo por aquí. El lugar al que llegué quemadísima también lo era y ya viste el ambientazo 🙂

    besosossoossosoososososos 😉

  4. Querido,

    claramente lo tuyo son las damas, de rosa, de rojo… Del color que sea ;).

    Me hace tremenda ilusión saber que alegro virtualmente las noches de tu alcoba y que encuentres tiempo, en tu agitada vida de ejecutivo agresivo, para acompañarme en mi periplo, y también de que hayas encontrado la casilla para comunicarte conmigo telepáticamente. Me hizo tanta gracia tu comentario que pasé un buen rato riendo sola en el restaurante donde me encuentro con los camboyanos mirándome a hurtadillas y, cuando empezaron a atacarme los mosquitos y tuve que regresar a ponerme repelente -el mío es del bueno, del que tiene DEET, pero me pican igual-, fui todo el camino con una sonrisa en los labios.

    Me quedo con el cariño que destilan tus palabras, y con tus palabras, muy apropiadas en estos momentos. Imaginarme tu cara cuando la tipa te dijo que todos tenían dengue o la que pondrías cuando le contabas al médico tu sintomatología me garantiza, además, una sonrisa en los momentos bajos. Y me encanta la idea del contrato de valiente (o de locaria: creo que, igual que ocurre con el comunismo y la dictadura, se tocan en algún punto), ya sabes que con mi formación el símil me resulta particularmente fácil de asimilar ¡Gracias Oskiposki!

    Te mando un superabrazo gigante y ¡hasta dentro de un rato! 🙂

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