Diarrea y día de descanso: una experiencia paranormal


El segundo día del año me depara, efectivamente, lo que se están imaginando…

Esto me llama la atención ya que, hasta ahora, y en lo que respecta a mi estómago, solo había tenido un par de episodios de malestar leves en destinos y condiciones en que otros viajeros refieren semanas de sufrimiento.

Como me siento enferma, y además le he dicho a Twon que hoy no quiero hacer nada, para que se recupere de sus pies, decido quedarme todo el día en el hotel y poner al día tanto el blog, para que tengan algunas impresiones visuales y una idea de lo que voy haciendo, como mis notas, más amplias, del viaje. Pero antes, cogiendo el toro por los cuernos, me dispongo a buscar compañeros de viaje por internet. Cuelgo un par de anuncios plenamente consciente que las probabilidades de éxito son las mismas que las de que me toque la lotería, pero al menos hay que intentarlo. En el tercer enlace que abro en google me topo con un post en www.nosinmibici.com hablando de las ventajas e inconvenientes de viajar en solitario que me parece escrito para mí en estos momentos: primero me recuerda lo difícil que es conseguir compañeros, dado que tanto el ritmo, como la filosofía del viaje en bici, son algo muy personal. Efectivamente, por propia experiencia sé que mi ritmo sólo se lo aguanta alguien que sea mi novio, mi amigo y que además –fíjense, conjunción copulativa-, me quiera mucho. Aun así generalmente suelo ir sola detrás y nos reagrupamos de cuando en cuando, de manera que las contadas ocasiones en las que pedaleo con gente se deben a que a quien va conmigo no le gusta hacerlo solo, vamos sumidos en una agradable y/o interesante conversación, o a que cargo un objeto de deseo en mis alforjas (por ejemplo, una tableta de chocolate).

Pero no queda ahí la aportación… Además me coloca frente a una realidad que, no por ser desagradable, deja de ser menos cierta: quien viaja en solitario acaba conociéndose más, lo que implica descubrir cosas de uno o vivir cosas que no gustan.

Aunque es algo duro, esta reflexión me pone automáticamente, primero, en el terreno de la normalidad, y, segundo, hace que me sienta parte de algo… En concreto del grupo de personas que se atreven a vivir esta experiencia, y que están tratando de conocerse más, procurando ser capaces de vivir mejor.

¡Muchas gracias, amigo! Le escribo en su blog…

A continuación me enfrasco en la escritura de mis primeras impresiones del viaje.

Estoy entretenida. De hecho me sorprendo de que no me cuesta mantener la concentración, de manera que las horas pasan raudas y, cuando levanto la vista, el sol ya está próximo a ocultarse. Decido aprovechar el final del día para resolver algunos asuntos prácticos, ver cómo me siento tras el día de descanso, y dar una vuelta por los alrededores en solitario y a pie. Acabo visitando la pagoda más famosa de Siem Reap, a la que llegan todos los visitantes a hacer sus ofrendas.

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De camino al hotel, de casualidad, voy a dar un recinto que contiene otra pagoda, un cementerio y una escuela que se encuentra completamente alejada de los circuitos turísticos habituales… El lugar está descuidado con hojas y basura por el suelo, pero es como isla en medio del caos que reina detrás de sus muros.

Y, la verdad, me gusta mucho más que la primera.

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