Celebraciones de Año Nuevo


Pasamos el primer día del año en los hermosos templos de Angkor. Salir a la calle me hace bien, dado que, desde que llegué, me siento bastante apática, incluso algo asustada ante la perspectiva del viaje que yo misma me propuse.

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Pasamos un día entretenido, los dos se turnan para acompañarme a visitar los templos, Twon está cojo y Pilot no es capaz de decirme ni una palabra y le da mucha vergüenza. Y más cuando ensayo una aproximación un tanto arriesgada a un grupo de cuatro jóvenes monjes, con su atuendo color azafrán, rompiendo el hielo saludándolos en calidad de “monja budista española” y señalando mi “túnica” de color blanco (con los hombros al aire) y mi pelo, muy corto para los estándares camboyanos (las monjas budistas se rapan la cabeza…). Como el humor abre casi todas las puertas, la jugada me sale bien y no sólo acabamos hablando de conceptos filosóficos profundos en un inglés rudimentario, sino que nos hacemos unas fotos –”monje no se toca”, me advierten, aunque sea monja-, y uno de ellos es ahora mi amigo en Facebook.

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En una de las visitas al baño –por suerte en un baño oficial al que me llevan en moto, ya que Twon no me deja adentrarme en la maleza por las serpientes, que aquí parecen ser un problema serio-, constato que tengo una tremenda diarrea, lo que me sorprende ya que, aparte de lo evidente, no tengo ningún otro síntoma, ni siquiera me molesta el estómago…

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De vuelta al hotel, ya de noche, me invade, de nuevo, poco a poco, el abatimiento. Incluso constato, no sin asombro, que tengo dificultades para adaptarme a unas condiciones climáticas, higiénicas y de todo tipo muy similares a las que vivo en los lugares que más me gustan de Colombia y, mientras que allí las tenía completamente integradas, ahora todo me parece duro, penoso, difícil…

Creo que la clave se encuentra en la sensación de aislamiento, de no poderme comunicar, que es radicalmente distinta en Colombia. Aquí no entiendo ni una palabra, ni los números en los carteles, por no mencionar las letras y, lo que es peor, me da una pereza horrible tanta diferencia cultural.

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Salgo a la calle como un alma en pena a comprarme algo de comer, ya que lo único que me apetece es encerrarme en las cuatro paredes de mi habitación, protegida de una realidad que percibo como hostil. A pie por primera vez desde que llegué, me doy cuenta de que sí hay algunos semáforos, aunque nadie los respete. Algunos señores me hacen comentarios como supongo que es de rigor frente a una occidental paseando sola a las 8 de la noche. En las tienditas pequeñas no encuentro nada apetecible. Por fin entiendo por qué: a diferencia de Colombia, los hostales aquí no tienen cocina, que es el lugar donde contaba yo con intimar con otros viajeros y proponerles viajar juntos (mientras están enfrascados en sus libros en la terraza me parece más difícil). La comida es demasiado barata y, con esos precios, nadie se molesta en cocinar. Finalmente acabo en un comercio relativamente grande y moderno, con varias hileras de productos, que son los que suelo evitar, y salgo de allí con un pan blanco gomoso, un paquete de krackers, tres yogures y una lata importada de paté de pato al Armagnac, que es lo único que reconozco… Y eso que hace siglos que no como paté porque me parece asqueroso y estoy intentando hacerme vegetariana…

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6 pensamientos en “Celebraciones de Año Nuevo

  1. Querida amiga, si este viaje la sigue aquejando por las próximas 3 semanas es mejor cambiar de destino; quizá la felicidad está más cerca de los lugares que dejó, con una vida sin sorpresas, desde donde se puede apreciar el mejor atardecer que haya visto, desde donde no hay que estar sonriéndole a cualquier parroquiano, donde la indiferencia esté bien vista. Donde la vida es tranquila.
    Yo me estoy esforzando por ello, por ser feliz. Y parte de esa felicidad era tener conmigo a Dustin & Luna, aunque me cueste algunas comodidades y algunos pesos. Pero lo importante es hacer y vivir esas pequeñas cosas que nos enaltecen, que nos hacen vibrar, que nos sacan sonrisas no planeadas, donde comernos un camembert y todo el oliva del mundo sin temblarnos la mano no se siente como una exageración, donde solo nos esforzamos por caernos bien a nosotros mismos.

  2. Ay yami yami, en el presente no estás, obligándote a sentir cosas maravillosas sentirlas no conseguirás….ten cuidado con el lado oscuro de la fuerza, si tomas su sendero será difícil desprenderte de él. ( acabo de ver toda la saga de star Wars , las 6 películas.)
    “Abandonarte la Fuerza no puede. Constante ella es. Si encontrarla no puedes, en tu interior y no fuera deberás mirar”
    No pienses, deja fluir esa capacidad maravillosa que tienes de sentir……y si no pasa nada interesante, interesante también será eso.

  3. Gracias Bibi por tus palabras y tus reflexiones… Constato con alegría que se acuerda del camembert 🙂 Aunque físicamente estas en Colombia, para mí eres una compañía constante desde hace meses (ya casi un año…), en Bogotá durante la recuperación de Linda, después de mi retiro de dos semanas cuando esperabas noticias suyas y me demoraba en escribir, en Bogotá en esta última etapa más tranquila con Linda, pero tan movida en otros aspectos, en Madrid, y ahora en Asia… Precisamente porque te has convertido en una buena amiga que creo que ha llegado a conocerme bastante en poco tiempo tendré muy en cuenta lo que me dices… Lo más difícil de eso, sin embargo, es que, a diferencia de ti, que pareces tener una idea clara de lo que te hace feliz (o al menos de algunas cosas que te acercan), en mi caso pienso que tengo algún dato, y luego se revela como fallido. Eso me produce una gran inseguridad. De las pocas certezas que tengo -o tenía- en la vida, una de ellas es que me encanta viajar y que quería hacer algo así (incluso de varios años), al menos una vez en la vida… No sé si es que soy como Jekill y Mr. Hyde, o si es que necesito un tiempo de adaptación… Cuando no me encuentro tan turbada tiendo a pensar que es lo segundo… El tiempo dirá, en cualquier caso (me parece muy apropiado el plazo que me pone de 3 semanas :)). Te deseo lo mejor del mundo en esta nueva etapa con todos tus amores bajo el mismo techo. ¡Enhorabuena por ese paso hacia tu felicidad!

  4. Mi fuerza recobrar un poco y -según tus sabias palabras y las del maestro Yoda- por buen camino ir, vivir en el presente más cerca que nunca estar.. ¿Tu adivina ser? ¿¿¿O tener acceso a los archivos de mi ordenador??? 😉 Mira lo que acabo de escribir en el siguiente post! 🙂

  5. Yamila, que paradójica y respetable tu visión del mundo y de las relaciones de pareja, evidenciada tu necesidad tuya de entablar una. Tengo para decirte lo siguiente:
    Tengo un par de añitos más que tú y te puedo contar que el tema de concretar alguna relaciones de pareja parece salido de la zona desconocida y de una historia mitológica. Con el pasar de los años casi que me convenzo que el tener alguien para compartir en pareja es solo la suma de fracciones pequeñas de tiempo, que además no siempre salen bien.
    El optar por no esperar nada y solo dejar que lo que venga, lo haga con calma y desapego es una buena técnica. Es mejor tener las manos vacías y libres para tomar lo que llegue a que estén cargadas de temores, afanes o desesperanza. Es además mucho creer que la llegada de alguien es alguna respuesta permanente y puerta a la felicidad. Nada más errado y temerariamente castrador. Tu posición es privilegiada, creciendo, conociendo, encontrándote, abasteciéndote de miles de cosas para tu espíritu, asomada a la ventana del mundo. Ahh mujer más interesante que eres tú!!!.
    Abrazo fuerte y deja de preocuparte por las patas de gallina que eso es solo resultado de mirar con fortaleza todo el tiempo hacia el sol que te guía. Besos!

  6. Wow querida, muchas gracias.

    Tu visión es a la que, poco a poco, me ha llevado la vida, aunque todavía a veces hay momentos de reincidencia. Esa actitud es la única vía, tanto para los momentos en solitario como para cuando aparezca, por un día o por toda la vida, un príncipe negro, blanco, o amarillo montado sobre una bicicleta… 🙂

    Me apoyaré en tus palabras sinceras, directas, cariñosas y motivantes en los momentos de flaqueza.

    Un abrazo y un beso muy fuertes desde Camboya, amiga!

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