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Imágenes

La última semana trascurrió entre bromas, contarnos nuestras vidas, comer ensalada de pepino y tomate; noches en casas locales ocupando el cuarto con estanterías repletas de libros escolares, adornadas con enormes osos de peluche y fotos de los hijos que ya formaron su propia familia… Sigue leyendo

1 x 24 hrs. = 4

David, mi amigo con quien debo encontrarme en Tiblisi, capital de Georgia, no cogió el vuelo. Pegaron al avión con el finger al aproximarlo para embarcar, dañando la carrocería, por lo que se encuentra en proceso de chapa y pintura.

Mi apatía del día anterior sigue colonizando espacios; la melancolía invade ya mi habitación con vistas al nevado y la iglesia. Ya basta. Voy a levantarme y a retomar las riendas, si no necesariamente de mis emociones, al menos de los actos que puedan ayudar a disipar la neblina. Sigue leyendo

Meandros

Me duelen los gemelos, las caderas, los hombros, e incluso los músculos en torno a las sienes, imagino que de apretar los dientes por el esfuerzo de ayer.

Ya es mediodía cuando se abren las nubes grises y me animo a dar una vuelta sobre Milady en mi último día en Azbegi y, prácticamente, en Georgia, a las puertas del encuentro con David en Tiblisi para inmediatamente después, unirnos al resto del grupo en Alaverdi, Armenia. Sigue leyendo

Jordi

Antes de las seis me encuentro en la plaza dispuesta a abordar, a codazos si es necesario, un transporte que me suba a primera hora, junto con hordas de turistas que habrán tenido la misma idea, a contemplar, en la explanada de la iglesia, la salida del sol reflejándose el gigante blanco, y recorrer la larga distancia hasta el glaciar que habita sus faldas antes de que aumente la nubosidad con el inexorable avance del día.

Pero no. Sigue leyendo

De Georgia a la Patagonia

El día está, por fin, despejado. Decido ir a conocer la iglesia que se ve desde mi ventana, en una colina tan alta que desafía todas las leyes de la lógica, arropada por el imponente pico nevado, que aparece y desaparece entre brumas, a más de 5000 metros de altitud. Sigue leyendo

Velocípedo

Cuando no cae una tormenta cuacásica que hace temer por la llegada del fin del mundo, Kazbegi es un pueblito apacible, con vacas paseando a su aire por las calles, dejando sus boñigas en mitad de la carretera, que son habilmente sorteadas por conductores que parecen no poder separar el pie del acelerador. Sigue leyendo

Escenas de gasolinera

La vía se ensancha a medida que me aproximo a Kazbegi, la ciudad situada en un amplio valle. En lugar del famoso nevado de 5.087 metros y la iglesia más emblemática de Georgia, situada sobre una elevada colina, que debían recibirme, lo que encuentro es niebla que baja hasta tres metros del suelo por la falda de la montaña. Desde la protección de mi ropa de agua -impermeable rosa y el pantalón de plástico de mi padre, al que tengo que dar varias vueltas alrededor de la cintura para no pisármelo-, saludo a pastores, niños y conductores que pasan agitando la mano y tocando la bocina, con los que me cruzo. Sigue leyendo

“Él nunca lo haría”

El cielo amenaza lluvia, el tráfico vuelve a ser más intenso y toda la etapa correspondiente al día de hoy es de subida. Para mí, sobre todo después de mi pájara de ayer, no hay discusión: no pedaleo. El panorama se presenta tan poco atractivo que incluso Antonio cambia de planes y decide venir con nosotras hasta Kazbegi en algún transporte motorizado. Sigue leyendo

Alta tensión

-¡Parad si veis un bar!- grita López, sonriente, mientras ante nuestros ojos se suceden las casas destarladas que conforman nuestro edén particular; así como algunos paisanos que vegetan bajo un escuálido árbol, protegiéndose del sol de las tres de la tarde, a quienes saludo con una inclinación de cabeza que es respondida segundos más tarde, en el mejor de los casos. Sigue leyendo

Leones con piel de cordero

Además de estandarte -junto con Armenia- de la Cristiandad, en su calidad de republica ex-soviética, Georgia también es prolija en consumo de alcohol a mansalva. En alguna parte deben estar los litros y litros que adornan las repisas en las tiendas de 24 horas. Ambos factores hacen que el ciudadano medio conduzca como un enejenado mental, confiando en que el creador compensará su falta de control al volante. Sigue leyendo